...recuerdos de aquel niño que leía los libros de Gil Pérez en el viejo sillón de La Vega, aquellos recortes amarillos en el armario, aquellas tardes en la fría piedra del estadio, aquellos sueños, pensamientos y deseos que tuve desde aquella grada que fue mía, DESDE MI GRADA VIEJA...

sábado, 26 de noviembre de 2011

El increíble equipo menguante


- ¿Menguando? –ella articuló la palabra en un tembloroso murmullo.
- Sí –fue todo lo que Scott logró decir.
- Pero eso es…
Había estado a punto de decir que era imposible.

Fragmento de la novela “El increíble hombre menguante”
de Richard Matheson. 1957.


Aunque a lo largo de la historia de cualquier club de fútbol hay lugar para momentos de crecimiento y decrecimiento deportivo de forma alterna, en ocasiones, y de manera dramática, el tiempo de los ciclos se acorta y todo aquello que supuso el cénit de una exitosa progresión hasta el olimpo, se derrumba ante los ojos del aficionado; en este caso del aficionado unionista, como sucedió en aquella fatídica temporada 84-85.

La Unión, hoy en horas aún más bajas que en aquel entonces, que siempre presumió de ser uno de los pocos equipos de nuestro país que había sido capaz de pasar de los campos de 3ª división a la élite de la primera en sólo dos temporadas, vivió en sus carnes el mismo logro, pero a la inversa; cuando en dos nefastas campañas pasó de disfrutar de los grandes y el ambiente de primera en el Helmántico, a caer en el pozo de la 2ªB, de forma inexplicable en una temporada aciaga en 2ª división, en la que, (¿cómo hoy?), se hablaba de una plantilla diseñada para el ascenso.

Los que crecimos empezando a ir al Helmántico poco antes de aquella temporada, hemos guardado sólo pequeños retazos de la misma en alguna caja vieja de la memoria, casi oculta, como queriendo no recordar que en Salamanca igual que fuimos grandes de repente, y tocamos las mieles del ser un clásico en la primera división durante una década inolvidable, menguamos demasiado rápido, vaciando de forma veloz los recuerdos de oro, para pasear de nuevo el escudo por campos de bronce impensables pocos años antes…y todo por una 84-85 para olvidar, aquel año I después de Jorge D’Alessandro.

Ríos de tinta se escribieron en aquella temporada sobre las razones del fracaso y muchos dedos acusadores señalaron a Felipe Mesones y a Juan Muñoz (ex jugador unionista de los primeros 70’s), que en forma de secretario técnico diseñó una plantilla descompensada, en la que algunos fichajes incluso no debutaron por estar lesionados, o jugaron poco o nada, o ni siquiera acabaron la temporada, y la planificación, con la mezcla de veteranía de algunas caras nuevas y gente de cantera que subió al primer equipo, sumados a los que se quedaron del año anterior, no dieron la medida de lo que se esperaba para un recién descendido de la primera división española.
Para ver que la historia no es más que la sucesión de una serie de hechos que tienden a repetirse, incluso el propio secretario técnico (Juan Muñoz), tras la destitución de Felipe Mesones, hizo las veces de entrenador, para dirigir su propio proyecto, (¿nos suena?) hasta que fue destituido seis jornadas más tarde, cuando el equipo ya se asomaba al abismo, y ni siquiera el irrepetible García Traid, pudo salvar una nave ya escorada en pos de un hundimiento irremediable; en un año de cambio de presidente, malos fichajes, enfrentamientos con la prensa, deuda galopante…y el debut en liga de un joven canterano llamado Balta.

Lozano, José Angel, Museros, Serafín, Bezares, Canosa, Curro, Cesar Ferrando, Enrique, Ángel González, Balín, Miguel Ángel, Abajo, Martinovic, Lanao, Pablo Rodríguez, Balta, Luis García, Juan, Cabrero, Chiqui, Codesal, Choya, Dijon y Nico fueron los integrantes de aquel triste proyecto, entrenado por Mesones, Muñoz y Traid, ante los más de 10.000 perplejos socios que no se creyeron la caída a los infiernos, hasta que se pitó el final de aquel último partido en el Heliodoro Rodríguez López.

En épocas de vacas flacas, más flacas aún que en el 85, toda la historia merece ser recordada, triste temporada que marcó un punto de inflexión de forma dramática en nuestro unionismo y que nos despertó de repente de un sueño que duraba ya diez años. Temporada huérfana de evidencias gráficas de calidad, más allá de los tristes recuerdos de cada uno y algún recorte en blanco y negro…hace pocos días llegó a mi poder esta imagen, de un 20 de Enero de 1985, día del debut de Muñoz en el banquillo charro, día de una nueva derrota, esta vez frente al Bilbao Ath. en casa y con el fondo Sur repleto detrás, donde siempre, como si no hubiera pasado el tiempo.



En 1957, se estrenó la adaptación al cine de la novela del mismo nombre y hoy gran clásico de ciencia ficción dirigido por Jack Arnold “El increíble hombre menguante”, que entre 1983 y 1985, la Unión Deportiva Salamanca proyectó cada domingo por la geografía española en su versión deportiva, menguando en forma de equipo y de club, de manera increíble, en dos años para olvidar, marcando el ocaso de la época más brillante de nuestra historia, del mismo modo que menguó Scott Carey, protagonista de tan angustiosa historia casi 30 años antes.

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