...recuerdos de aquel niño que leía los libros de Gil Pérez en el viejo sillón de La Vega, aquellos recortes amarillos en el armario, aquellas tardes en la fría piedra del estadio, aquellos sueños, pensamientos y deseos que tuve desde aquella grada que fue mía, DESDE MI GRADA VIEJA...

viernes, 5 de agosto de 2016

Medallistas olímpicos y exunionistas

Horas antes de una nueva cita con los Juegos Olímpicos, me gusta buscar historias, que por remotas que pudieran ser, vuelvan a traer a la UDS a la palestra.

Hace 4 años, con motivo del inicio de los Juegos de Londres 2012, nos adentramos en la historia de Robi y Sánchez Barrios (VER texto), que estuvieron a punto de ser olímpicos en 1976; más adelante reivindicamos la figura del exunionista Ángel González Castaños, como salmantino olímpico olvidado (VER texto) todavía pendiente de resolución...

Hace días me surgió una duda:

¿Cuántos jugadores de fútbol que pasaron en algún momento por la U.D.Salamanca a lo largo de su historia, cuentan en su palmarés con una medalla olímpica?...

Cinco, es la respuesta. Desde Los Ángeles 1984 hasta Sydney 2000, ese es el número de futbolistas que pueden unir al palmares de haber podido lucir una medalla de oro, plata o bronce olímpica en su pecho, el de haber defendido el escudo de la UDS.

Para menor grandeza del dato, hay que destacar que ninguno de ellos se alzó victorioso con el codiciado galardón militando en ese instante en las filas de la Unión; pero no por eso se debe desmerecer este recuerdo...

Tomislav Ivkovic (Zagreb 1960-) - Bronce en Los Ángeles'84


Llegado a la UDS procedente de Os Belenenses el verano de 1996 de la mano del proyecto "portugués" de Joao Alves; militó en el conjunto charro esa única temporada 96-97 en 2ª división y aunque en su palmarés puede decir que logró un ascenso a 1ª con la Unión, bien es verdad que una vez que fue cesado Alves en la 8ª jornada, perdió la titularidad de aquel equipo y fue suplente de Aizpurúa el resto del campeonato. Seis partidos de liga y los dos de Copa que nos midieron al Real Madrid y catorce goles encajados fueron sus números unionistas.


Ivkovic entrenando con la U.D.Salamanca

Doce años antes, en Los Ángeles 1984, formando parte de la selección de Yugoslavia, Ivkovic ganó la medalla de bronce. Una gran competición de la selección Plavi la llevó a las semifinales de un torneo que perdió frente a Francia, futura ganadora del oro. En el partido para dirimir el tercer y cuarto puesto se impuso a Italia por dos goles a uno.
Seis partidos olímpicos jugó de titular, participando en la Olimpiada anterior, la de Moscú'80, en la que también alcanzaró las semifinales pero perdió la medalla de bronce frente a la selección de Checoslovaquia.




Miguel Hernández Sánchez (Madrid 1970-) - Oro en Barcelona'92

Seis titularidades únicamente en el paso de este madrileño por la UDS; llegado al club blanquinegro en el mercado de Diciembre de la temporada 96-97 en 2ª división procedente del Español de Barcelona, no encontró continuidad en un equipo con un once establecido en aquel momento y que acabó ascendiendo a 1ª división.


Miguel defendiendo la camiseta unionista frente 
a la S.D.Compostela en el Helmántico 

Seleccionado por Vicente Miera para disputar los juegos olimpicos de Barcelona'92 cuando militaba en las filas del Rayo Vallecano; participó en dos de los seis partidos que España disputó en los juegos; alzándose frente a la Selección polaca con la histórica medalla de oro de nuestro fútbol.


Miguel en primer plano encabezando a los integrantes de la selección española que ganaron el oro olímpico en Barcelona'92.

Antonio Pinilla Miranda (Badalona 1971-) - Oro en Barcelona'92

Pinilla llegó a la Unión procedente del Tenerife, como uno de los fichajes estrella para la temporada 2000-01, la de Juan Señor como entrenador, en 2ª división. Jugador relevante en aquel campeonato disputó 34 encuentros en el Campeonato de liga anotando 4 goles. Al concluir la temporada fichó por el Nastic de Tarragona con el que ascendió a 1ª años después de haber militado ya en esa categoría con F.C.Barcelona, Mallorca, Albacete Balompié y Tenerife.




De la mano de Vicente Miera, al igual que Miguel, participó en Barcelona'92 con la camiseta española, en el verano en el que fue fichado por el Albacete. Disputó dos encuentros olímpicos, los dos entrando desde el banquillo como sustituto en la primera fase y alzándose el 8 de Agosto de aquel año con la histórica medalla dorada.


Plano corto de la formación ganadora de la medalla de oro en Barcelona'92, en la que Antonio Pinilla forma entre Solozabal y Manjarín por detrás y Toni y Alfonso Pérez por delante.

Grzegorz Mielcarski (Chelmno - Polonia 1971-) - Plata en Barcelona'92

El jugador polaco fue una de los fichajes de la temporada 99-00 en 2ª división. Avalado por su trayectoria como goleador, primero en su país y luego en el Oporto de Portugal; llegó a la Unión con el objetivo de devolver a los salmantinos a la 1ª división española; titular inicialmente, fue perdiendo presencia en los onces a medida que avanzaba una de las temporadas más decepcionantes de la historia de la UDS. 
Mielcarski participó en 21 partidos oficiales y anotó dos goles, uno, en el partido de su debut; frente al Elche, otro en Leganés.


Mielcarski es abrazado por Silvani, Taira y Silvani, 
tras marcar en el campo del Leganés.

Siete años antes y como integrante de la selección olímpica de fútbol, participó representando a Polonia en Barcelona'92; en la que alcanzó la final, cayendo ante España, la selección anfitriona, para colgarse la medalla de plata. Grzegorz participó solamente en uno de los partidos que Polonia disputó en el torneo, jugando sólo doce minutos, pero suficientes para anotar un gol en el mismo; fue contra Italia en la 1ª fase.


Grzegorz Mielcarski, segundo de la fila luce con su selección y con la medalla de plata colgada en el pecho, en Barcelona'92

Felip Ortiz Martínez (Barcelona 1977- ) - Plata en Sidney 2000

Cancerbero de gran agilidad fichado por la UDS desde el Nastic de Tarragona para afrontar en 2005, el reto de devolver a la Unión desde 2ªB a 2ª lo antes posible. Gran papel en aquella primera temporada donde sus intervenciones fueron fundamentales para lograr aquel último ascenso de la historia de la UDS. 65 partidos de liga entre 2ª y 2ªB con la Unión avalan su gran trayectoria como unionista.



Cinco años antes bajo la batuta del seleccionador Iñaki Sáez y cuando militaba en las filas del Extremadura en 2ª división es convocado para disputar los Juegos Olímpicos de Sidney'00. La titularidad indiscutible de Aranzubía le cerró el paso y fue el único jugador de los 18 que no pudo disputar minuto alguno; aún así se alzó con la medalla de plata; lograda tras caer derrotados por la selección de Camerún en una recordada tanda de penaltis.


Felip forma de pie y a la derecha de la imagen entre Aranzubía y albelda, para los periodistas tras alzarse con la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Sydnei 2000

lunes, 18 de julio de 2016

El olor de los recuerdos

Contaba una vez Don Ángel Gabilondo que el olor que respiraba mientras paseaba por los mercados de La Habana en Cuba, curiosamente, le transportaba a Atocha... describía que el aroma de la fruta pisada, vieja, entre los puestos de venta; le trasladaba a la popularmente conocida como portería de "Frutas" del viejo estadio; a aquella grada que descansaba sobre el desaparecido mercado de mayoristas de frutas y verduras del barrio de Eguía donostiarra, y que impregnaba con su olor el fondo Norte durante la semana, para que los realistas, como él, lo respiraran los domingos al entrar por esa zona del mítico recinto.

Pienso que quizá no sea el más relevante de los sentidos; pero sin duda; para eso del recuerdo; el olfato quizá sí sea el más evocador de los cinco; y en eso, coincido con Gabilondo.

Le leí una vez a Manolín, escritor y exjugador del club, que el "perfume" del linimento Sloan olía a Campo del Calvario y no al revés; a primeras filas, a fondo del marcador desaparecido... y pienso en alto cuando digo, que es evidente, que a todos los que crecimos viendo fútbol en la infancia, esa mezcla de césped recién cortado y olor a tabaco recién prendido, a faria; nos traslada al instante, indistintamente, a cada uno de los estadios históricos o no, que nos vieron crecer... En mi caso, claramente es al estadio Helmántico y a su Unión Deportiva Salamanca.

Hubo un tiempo en mi casa, en el que mi madre cultivó la costumbre de conservar la ropa en los cajones junto a pastillas de jabón desnudas. Ropas de esas de las que no son "de diario", y entre las que durante quince días consecutivos descansaba mi bufanda blanquinegra... junto a guantes y calcetines de lana gorda los meses cálidos y entre camisetas de manga corta y bermudas los meses fríos...
Así, hubo un tiempo; en el que a aquel olor a césped recién cortado y tabaco recién prendido, común en el recuerdo de todos los aficionados al fútbol y que envolvía a la Unión en su juego; se sumó el aroma a jabón en forma de bufanda anudada a mi garganta, que me acompañó cada domingo; perfumando sutil, cada una de mis respiraciones mientras veía a la UDS y cantaba sus goles, y adornando hasta a aquel vaho oculto bajo la tela blanca y negra, que en invierno ya no me olía a frío; la Unión me olía a Heno de Pravia.

Hoy la Unión huele a otra cosa; a mi me huele a papel, a tinta vieja, a revistas antiguas con esa mezcla de papel couché y humedad en la que envejecen miles de páginas y recortes que conservo; y en los que hoy la busco y la encuentro...

Y sí, sé que las imágenes no huelen; pero desde que conservo el papel, (llámadme "nostálgico"), junto a pastillas de jabón desnudas; y más cuando veo ésta; en esa pose añeja de la Unión en 1946 ante la grada Norte del viejo Atocha; la que ocultaba el mercado de frutas; en su ausencia, hoy la Unión, sí...

Me huele a papel húmedo y tinta vieja; pero también me huele a fruta pisada y a Heno de Pravia...

La Unión forma el 20/1/1946 en el Campo de Atocha. Partido frente a la Real Sociedad. De pie de izquierda a derecha: Párraga, Olivares, Muñoz, Bernabé y Colón. Agachados de izquierda a derecha: Dámaso, Luengo, Conesa, Azcue, Urre y Salinas.



ENLACES:

viernes, 18 de marzo de 2016

El gol de Eizmendi


Dicen que uno nace siendo de un equipo de fútbol; yo discrepo. Dudo mucho que la biología reservara en nuestro origen un solo minuto para dar forma a un alelo de nuestro genoma con la impronta de un escudo determinado y no otro, para dotarnos, por el azar de ese "destino" genético, de unos colores así, sin más género de duda...

La realidad debe ir más por ese factor ambiental del que se habla en genética, por el que las influencias externas condicionan los primeros años de vida del individuo e influyen y moldean esa base molecular que nos dejan, cual código de barras, el conjunto de nuestros predecesores.

Las aficiones, las pasiones... desde luego no se imponen, pero tampoco, pienso, se eligen. Para ser profundas, deben nacer, surgir... y es creíble que deba haber un "interruptor" oculto en algún lugar de nuestro organismo que si las pruebas, active ese área de nuestra corteza cerebral para en ocasiones, en esto de la pasión por unos colores, brillar eternamente intensa y no apagarse nunca.

Uno no es de un equipo de fútbol de verdad hasta que este no le genera la necesidad de priorizar la atención sobre él por encima de todas las cosas, (sí, todas las cosas), pero para llegar a ese nivel, se hace necesario encontrar ese punto de inflexión en forma de estímulo definitivo; ese "factor ambiental" del que os hablaba, que se esconde en esos primeros años de nuestra infancia y que cual flechazo, debe aparecer sin esperarlo.

Creo que soy de la Unión desde que antes de empezar a ir al estadio, de crío, esperaba jugando ansioso en casa, en la moqueta del hall, al lado de la puerta; a que mi padre llegara del fútbol para preguntarle y saber antes que nadie, cómo habían quedado... aquella sensación de alegría o tristeza inconsciente pero apasionada según la respuesta, fue el pilar inicial de esa pasión blanquinegra del que con apenas cuatro años no había visto aún rodar un balón en un estadio más allá de imágenes de televisión de la época.

Pero la eclosión de ese unionismo profundo, la consecución de ese punto de no retorno, la conexión de ese mencionado "interruptor" de esa pasión que mantengo hasta nuestros días; ese culmen del "fáctor ambiental" necesario; se hizo efectivo varios años después, incluso tras un tiempo de haber empezado ya a ir al estadio con asiduidad... Tuvo fecha y hora, y no llegó como podría pensarse, tras la consecución de algún título o trofeo, ni siquiera fue tras un ascenso, su origen fue algo más oscuro...

A las seis de la tarde de un catorce de Junio de 1987 la U.D.Salamanca y el Real Burgos, 4º y 5º respectivamente del único grupo de 2ª B de la época, se disputaban el puesto del primero; última plaza de ascenso a la categoría de plata, a la que la Unión llegaba un punto por encima de los burgaleses, por lo que un empate le valía para el ascenso aquella tarde en su estadio.
La Unión llegaba al encuentro desde la presión de haber sido equipo de primera sólo tres años antes y la ansiedad acumulada de una temporada pobre en lo futbolístico, pero con una última oportunidad en forma de "final" casi inesperada, ya que la remodelación de la 2ªB para la temporada siguiente, provocó que a última hora se ampliara a cuatro el número de conjuntos que subían a 2ª, otorgándole a la UDS un último cartucho.

Fue un encuentro intenso, bronco por momentos, pobre en lo futbolístico y extremadamente igualado, que alcanzó el cénit de la angustia en un último minuto de un descuento eterno, anímicamente hablando, que acabó con un gol del R.Burgos sobre la bocina; que sirvió para helar corazones e inundar de desolación un graderío, como nunca más se volvió a vivir en el Helmántico.

No nací siendo de la Unión, eso no es posible, pero me nutrí de muy niño con ese unionismo ambiental que se respiraba en casa gracias a mi padre; de poco en poco, para años después y envuelto en lágrimas aquella tarde, darme cuenta de verdad, desde la profundidad de una enorme decepción, que yo era de aquellos, de los que vestían de blanco y de negro; y que así sería para siempre.

Hubiera sido fácil decir que aquella inflexión se produjo la primera vez que entré en el Helmántico, o tras aquel primer gol que viví en directo, uno de Orejuela en el 83... pero no, quizá fue por aquella mezcla de pasiones vividas aquel día, del drama de aquella montaña rusa que fueron los últimos 30 minutos de un partido inolvidable; no lo sé, pero de lo que estoy seguro; es de que fue aquel día.

Pronto se cumplirán 29 años de aquella tarde, y desde entonces no había vuelto a ver los goles de aquel encuentro, no tuve ganas siquiera de encender el telediario regional al día siguiente del partido y no recuerdo tampoco haber ojeado la Gaceta de aquel lunes; cuya crónica no descubrí hasta hace pocos años (VER)...

Ayer sí, volví a verlos; gracias a Conexión Vintage; y me sirvieron para reafirmarme en toda la reflexión anterior; que descansaba en mi cabeza desde entonces.

Si hubo un punto de inflexión, si hubo algo de ese moldeado ambiental que marcó mi unionismo a fuego, aquel fue el gol de Eizmendi...
Sin el que quizá no sería entendible mi amor, todavía hoy profundo, a un equipo que ni siquiera existe.




Fuentes:
Teledeporte