...recuerdos de aquel niño que leía los libros de Gil Pérez en el viejo sillón de La Vega, aquellos recortes amarillos en el armario, aquellas tardes en la fría piedra del estadio, aquellos sueños, pensamientos y deseos que tuve desde aquella grada que fue mía, DESDE MI GRADA VIEJA...

jueves, 6 de agosto de 2015

Soñando goles

Fui de aquellos niños que empezaron a dar patadas a un balón agarrado a Naranjito; de aquellos que en las fiestas del colegio cuando todavía se hablaba de 2º de preescolar y la pelota era más grande que nosotros, me vistieron de la Unión Deportiva Salamanca con el pantalón negro por encima del chándal por si me caía; fui de aquellos niños de los que en su colegio no tenían equipo de fútbol grande y sólo podían jugar al fútbol-sala, de aquellos que intentaban hablar de la Unión en los recreos y nunca encontraban con quién, de aquellos que crecieron sumidos en el fenómeno Butragueño; y que sumaron a Maradona, como pilares del futbolista que como niños, la actualidad televisiva de mediados de los ochenta hizo que quisieran parecerse.

Quizá fue por eso, por los espacios pequeños obligados del “futbito” y los modelos futbolísticos de la época, en los que lo sutil predominaba sobre la fuerza; por lo que desde entonces admiré siempre más la propuesta del envío raso que del largo y bombeado; entendí la “pared” como la forma más pulcra de desbordar al contrario y elevé el recorte en el arte del regate, por encima del desborde al sprint en los vértices del área. Integrando para siempre en mi interior, que en la definición, en los uno contra a uno frente al arquero, era la belleza del “pase” a la red ante su media salida, preciso y elegante, el que me llenaba y no tanto así el disparo con potencia... y que al final (como le escuché a Navalón años después) del embroque se sale andando, acompañando el remate del lance; el balón; con una media mirada...

Por eso y desde esa grada que tanto echo de menos hoy, en el estadio Helmántico, fue ese corte de jugador de “entre-líneas” los que más me llegaron; jugadores combinativos, frágiles en ocasiones, pero elegantes, con pies que empleaban una escuadra y un cartabón en sus decisiones...

Y así, como no podría haber sido de otra manera, de crío yo también deseé acercarme a aquello con mi humilde juego.

Avanzaron los años ochenta, y mis ansias por querer jugar en un equipo se colmaron en el colegio, donde alcancé mi principio y mi final como futbolista; futbolista de fútbol-sala, no había otra cosa; corría 1985 y aún recuerdo cuando Simón nos repartió aquellas camisetas rojas usadas por varias generaciones del colegio una tarde tras las clases; el día que en los soportales del Maestro Ávila nos dividieron en alevín “A” y alevín “B”, para mi desconsuelo. "Así podrás jugar más" -me dijo mi padre-.

Paseé mis pobres hechuras como atleta por muchos patios de la capital salmantina, con la ilusión del que en cada metro de cemento, imaginaba correr por aquel tapete verde que antaño cubría el firme del Helmántico... hasta jugué en el pabellón de la Alamedilla y aquello me pareció poco más que Wembley, el de ahora no, el legendario, el de toda la vida.

Pero desgraciadamente, fui de aquellos niños con ansias de balón que manejaban la teoría con cierta facilidad pero su cuerpo no era capaz de llevarla a la práctica. 
Para esta última, para ese arte del dominio del juego y la pelota sólo me servían las noches y sus sueños; porque ya acostado, sobre la almohada de mi casa de Salamanca, incluso antes de saberme dormido; como por arte de magia, el mismo balón que botaba siempre largo en el ajado cemento del colegio y siempre encontraba una pierna rival para oponerse al pase deseado; dormido rodaba fácil y botaba siempre como había imaginado un segundo antes de recibirlo, y los disparos eran precisos, y los pases medidos, nunca, nunca fallaba.
Aún así, a veces, en ocasiones, pocas, o al menos una sola vez en la vida, algo de eso soñado sí sucede; y uno lo guarda en ese trocito de la memoria de lo que sí pasó; y en ocasiones, cuando algo pulsa ese botón que refresca las imágenes y las envuelve en color de nuevo, se eriza la piel de los recuerdos:

Se consumían los últimos días del invierno de una de aquellas temporadas de Alevín, y tocaba visitar al Salesianos “B”, “debutar” en aquel añejo patio que vio formarse a tantas generaciones de grandes jugadores unionistas.

-Caído a banda derecha, cuando la primera parte tocaba a su fin, un balón rechazado me alcanza; un solo defensa ante mi, adelanto el balón, conduzco,  recorto hacia la derecha y ¡sí!, sólo el portero delante...-

Entonces, bien fuera por mi poca fuerza al golpear la pelota, bien por aquellos posos de jugadores sutiles y de espacio corto que admiré y que finalizaban apuntando, bien influenciado por del que no hacía mucho tiempo fue considerado delicado gol por excelencia, aquel del “Buitre” en San Paolo, o por qué no decirlo, por esa pulsión o automatismo del que no le da tiempo a pensar y simplemente lo hace.

-...ante su salida, golpeé sutil a su derecha; superándolo, y poste, y gol, todo lento, todo despacio; lo sé porque no perdí de vista aquel balón que entraba y que no entraba mientras me iba alejando, en esa celebración que empezaba pero no empezaba, con mi índice en alto...-

Celebración a la que casi 30 años después me llevó el visualizar esta maravillosa imagen del irrepetible Gombau a un gol de Maxi en el añorado Calvario, que sirvió para pulsar ese botón de la memoria que refresca las imágenes del que os hablaba, y que me transporta cada vez que la miro a la misma pose, a las mismas miradas a un balón sutil que aquella mañana en el cemento de Salesianos; donde por primera y última vez en mi vida hice con un balón en los pies, lo que tantas veces sólo había soñado.

sábado, 27 de junio de 2015

Hace veinte años

Si en algún momento de su existencia uno tuviera la capacidad de mirar al futuro por un instante, no me cabe duda de que la sorpresa sería siempre la norma.
Si hace hoy veinte años hubiera podido conocer qué sería de mi y de mi U.D.Salamanca; seguro hubiera escuchado el relato con una media sonrisa en un gesto suma de incredulidad y extrañeza; envuelto sin duda, en uno de esos silencios que no se rompen con nada… sí, seguro, estoy convencido, así hubiera sido.

Hace veinte años iba a cumplir en poco más de un mes los dieciocho y acababa de hacer los exámenes de selectividad, que fueron una prueba de fuego para mi capacidad de concentración, pues se mezclaron con el partido de ida de la promoción… (al que fui) ese clásico encuentro que como aficionado uno desea vivir al menos una vez en la vida.

Una semana después, la vuelta la viví en casa de mi abuela, en el barrio de La Vega; con ese bajón de la misión académica cumplida y la decepción orgullosa de una derrota en el Helmántico que presentaba la vuelta como un reto previsiblemente inalcanzable.
No teníamos Telemadrid para ver el encuentro; y lo seguí nervioso en mi silla de los partidos, aquella que creía talismán, con mi walkman Sony y sus cascos; esperando con el paso de los minutos un milagro en el que reconozco que sólo empecé a creer con el gol de Torrecilla al filo del descanso.

Veinte años después, aquella selectividad que me llevó a estudiar medicina; indirectamente, quien me lo iba a decir,  hizo que hoy la esté ejerciendo en aquella ciudad que enmudeció Urzaiz con sus dos goles y veinte años después de aquel histórico duelo, hasta vivo a escasos tres minutos de aquel recinto y mis dos hijos, albaceteños, quizá algún día me pidan que les compre una bufanda de aquel equipo que cayó con estrépito aquella noche de hace hoy veinte años.

Dos décadas completas han pasado, y veinte años después de ese día, aquel equipo, el mío, que subió a primera aquella noche y que fue mi pasión desde mis tempranos cinco años; no existe hoy, y lo que es más dramático, no volverá a existir jamás… quién me lo hubiera dicho.

Así que hoy; (quién me lo hubiera dicho también en aquella noche de gritos, abrazos y lágrimas, en las que nos fundimos en el salón de aquella pequeña casa de verano, hace hoy veinte años); amanecí temprano y caminé hacia el estadio Carlos Belmonte, para buscar la entrada de Gol Norte y ubicarme unos minutos ante ella… en el deseo, ingenuo, como hago a veces, de querer sentir que un trocito de la Unión también descansa, veinte años después, en esta ciudad, en este estadio. 

Sobre ese fondo, remodelaciones incluidas, hoy, veinte años atrás, Sito templó el balón de su vida para que Ismael Urzaiz hiciera lo que todos ya sabemos… Sí, aquí mismo, en Albacete, quién me lo iba a decir a mi, hace veinte años...

viernes, 10 de abril de 2015

Añorada UDS

Cuando hace casi dos años desapareció para siempre la U.D.Salamanca llevaba escribiendo en este Blog casi tres. 
Hasta aquel momento en él había puesto la intención, alejado de Salamanca como me encuentro desde hace más de una década, de utilizarlo como recordatorio de vivencias personales en aquella grada que sentía lejana e intentar promocionar la grandeza de un equipo, de un club, en horas bajas, salpicando entre la historia, textos de modesta opinión de la actualidad de una entidad que por aquel entonces agonizaba.
Pero fue con su desaparición cuando refugié en este modesto Blog mi necesidad de superar ese drama del perder esa pasión interior que me acompañó desde niño, con la intención de sentirla viva en el pasado y rescatar imágenes de vídeo, fotografías que aliviaran mi pena; "engañándome" al querer revivir cosas que me precedieron en el tiempo.

Hubo un antes y un después, del contacto con Paco Grande, en esa ilusión de recuperar cosas inéditas de la Unión... lo tendré presente siempre.
Abierto a sugerencias y compartiendo esa pasión común que es la historia del deporte; se abría, de la mano de uno de los periodistas polideportivos referentes de este país; la posibilidad de rescatar de esa videoteca descomunal, que es el archivo de RTVE; goles, imágenes, escenas históricas de esa UDS ya desaparecida...

Primero fue en forma de una breve e histórica pieza en Estudio Estadio, en la que el mundo volvió a ver por ejemplo, el histórico gol de Alves en Chamartín; y ayer fue este Conexión Vintage de 53 minutos poblado de imágenes (muchas inéditas) para el recuerdo.

La Unión fue mucho más grande que esos 53 minutos; (lástima que los registros audiovisuales no reflejaran con sus cámaras retazos de nuestros primeros 50 años de vida), pero los 53 minutos vividos ayer alcanzaron la emoción, que un desaparecido club histórico merecía.

Mi más profundo agradecimiento a Paco Grande y Juan Carlos Díaz (y resto de profesionales que trabajaron en el reportaje), por dar importancia a un histórico como fue la Unión Deportiva Salamanca emitiendo para toda España este histórico Conexión Vintage "Añorada UDS":