...recuerdos de aquel niño que leía los libros de Gil Pérez en el viejo sillón de La Vega, aquellos recortes amarillos en el armario, aquellas tardes en la fría piedra del estadio, aquellos sueños, pensamientos y deseos que tuve desde aquella grada que fue mía, DESDE MI GRADA VIEJA...
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viernes, 18 de marzo de 2016

El gol de Eizmendi


Dicen que uno nace siendo de un equipo de fútbol; yo discrepo. Dudo mucho que la biología reservara en nuestro origen un solo minuto para dar forma a un alelo de nuestro genoma con la impronta de un escudo determinado y no otro, para dotarnos, por el azar de ese "destino" genético, de unos colores así, sin más género de duda...

La realidad debe ir más por ese factor ambiental del que se habla en genética, por el que las influencias externas condicionan los primeros años de vida del individuo e influyen y moldean esa base molecular que nos dejan, cual código de barras, el conjunto de nuestros predecesores.

Las aficiones, las pasiones... desde luego no se imponen, pero tampoco, pienso, se eligen. Para ser profundas, deben nacer, surgir... y es creíble que deba haber un "interruptor" oculto en algún lugar de nuestro organismo que si las pruebas, active ese área de nuestra corteza cerebral para en ocasiones, en esto de la pasión por unos colores, brillar eternamente intensa y no apagarse nunca.

Uno no es de un equipo de fútbol de verdad hasta que este no le genera la necesidad de priorizar la atención sobre él por encima de todas las cosas, (sí, todas las cosas), pero para llegar a ese nivel, se hace necesario encontrar ese punto de inflexión en forma de estímulo definitivo; ese "factor ambiental" del que os hablaba, que se esconde en esos primeros años de nuestra infancia y que cual flechazo, debe aparecer sin esperarlo.

Creo que soy de la Unión desde que antes de empezar a ir al estadio, de crío, esperaba jugando ansioso en casa, en la moqueta del hall, al lado de la puerta; a que mi padre llegara del fútbol para preguntarle y saber antes que nadie, cómo habían quedado... aquella sensación de alegría o tristeza inconsciente pero apasionada según la respuesta, fue el pilar inicial de esa pasión blanquinegra del que con apenas cuatro años no había visto aún rodar un balón en un estadio más allá de imágenes de televisión de la época.

Pero la eclosión de ese unionismo profundo, la consecución de ese punto de no retorno, la conexión de ese mencionado "interruptor" de esa pasión que mantengo hasta nuestros días; ese culmen del "fáctor ambiental" necesario; se hizo efectivo varios años después, incluso tras un tiempo de haber empezado ya a ir al estadio con asiduidad... Tuvo fecha y hora, y no llegó como podría pensarse, tras la consecución de algún título o trofeo, ni siquiera fue tras un ascenso, su origen fue algo más oscuro...

A las seis de la tarde de un catorce de Junio de 1987 la U.D.Salamanca y el Real Burgos, 4º y 5º respectivamente del único grupo de 2ª B de la época, se disputaban el puesto del primero; última plaza de ascenso a la categoría de plata, a la que la Unión llegaba un punto por encima de los burgaleses, por lo que un empate le valía para el ascenso aquella tarde en su estadio.
La Unión llegaba al encuentro desde la presión de haber sido equipo de primera sólo tres años antes y la ansiedad acumulada de una temporada pobre en lo futbolístico, pero con una última oportunidad en forma de "final" casi inesperada, ya que la remodelación de la 2ªB para la temporada siguiente, provocó que a última hora se ampliara a cuatro el número de conjuntos que subían a 2ª, otorgándole a la UDS un último cartucho.

Fue un encuentro intenso, bronco por momentos, pobre en lo futbolístico y extremadamente igualado, que alcanzó el cénit de la angustia en un último minuto de un descuento eterno, anímicamente hablando, que acabó con un gol del R.Burgos sobre la bocina; que sirvió para helar corazones e inundar de desolación un graderío, como nunca más se volvió a vivir en el Helmántico.

No nací siendo de la Unión, eso no es posible, pero me nutrí de muy niño con ese unionismo ambiental que se respiraba en casa gracias a mi padre; de poco en poco, para años después y envuelto en lágrimas aquella tarde, darme cuenta de verdad, desde la profundidad de una enorme decepción, que yo era de aquellos, de los que vestían de blanco y de negro; y que así sería para siempre.

Hubiera sido fácil decir que aquella inflexión se produjo la primera vez que entré en el Helmántico, o tras aquel primer gol que viví en directo, uno de Orejuela en el 83... pero no, quizá fue por aquella mezcla de pasiones vividas aquel día, del drama de aquella montaña rusa que fueron los últimos 30 minutos de un partido inolvidable; no lo sé, pero de lo que estoy seguro; es de que fue aquel día.

Pronto se cumplirán 29 años de aquella tarde, y desde entonces no había vuelto a ver los goles de aquel encuentro, no tuve ganas siquiera de encender el telediario regional al día siguiente del partido y no recuerdo tampoco haber ojeado la Gaceta de aquel lunes; cuya crónica no descubrí hasta hace pocos años (VER)...

Ayer sí, volví a verlos; gracias a Conexión Vintage; y me sirvieron para reafirmarme en toda la reflexión anterior; que descansaba en mi cabeza desde entonces.

Si hubo un punto de inflexión, si hubo algo de ese moldeado ambiental que marcó mi unionismo a fuego, aquel fue el gol de Eizmendi...
Sin el que quizá no sería entendible mi amor, todavía hoy profundo, a un equipo que ni siquiera existe.




Fuentes:
Teledeporte

domingo, 6 de mayo de 2012

"El Salamanca es ya un equipo de pueblo"

El lunes 15 de Junio de 1987, el redactor de deportes de La Gaceta Regional de Salamanca, Martín Merchán, llevó este titular a la crónica que narraba cómo se pudo perder en el último suspiro un casi seguro ascenso aquel día que nos enfrentamos, en un inolvidable cara o cruz, al recién creado Real Burgos.
Crónica dura y crítica donde las haya, que resume desde el punto de vista periodístico de aquel que estuvo allí, la impotencia vivida en una situación límite como fue la de aquel recordado encuentro, que muchos de nosotros sufrimos in situ, y que supuso alargar un año más la estancia en segunda B (y sería el tercero), para un equipo que hacía sólo 3 años estaba en la primera división del fútbol español.
Crónica rescatada y escaneada ampliada de un ejemplar de La Gaceta que hacía alusión a algunas portadas históricas en miniatura de la historia de la UDS donde fue incluida...merece la pena leerla completa.


La gravísima crisis económica e institucional del club ha ocultado parcialmente el fracaso deportivo y hoy, en el ocaso de una temporada que nació con la finalidad clara de optar a subir siempre, no habiendo alcanzado nunca puestos de play-off durante toda la competición, derrotados hoy en Guijuelo, por debajo de ellos y matemáticamente huérfanos de participación en la Copa del Rey por primera vez en los últimos 40 años…Muy a pesar del unionismo vuelve a tener vigencia aquel titular simbólico y crítico de Martín Merchán del 87.
Sinceramente creo que no se le escapa a nadie, que aunque la Unión continúa inmersa en esa pelea consigo misma de tocar fondo deportivamente; de forma crucial, a día de hoy y a pesar de la crítica; sólo toca pensar, por encima de todo lo demás, en encontrar la fórmula para seguir existiendo, aunque sea como un “humilde equipo de pueblo”.

sábado, 3 de diciembre de 2011

¿El gol de Tamayo?

En el minuto 61, Tamayo anota el primer gol del partido. (14 de Junio de 1987).

La mitología del fútbol, aquella que alcanza cotas inigualables en las finales, cuando hay un título en juego o simplemente en partidos decisivos, como aquellos en los que se juegan ascensos y descensos, suele olvidar a algunos goleadores de sus partidos; de igual modo que Aldrin y Collins pasaron a la historia, pero menos, en la conquista lunar del 69; todos los goleadores que abrieron partidos con sus tantos, pero tuvieron un compañero que deshizo un empate posteriormente para ganar el choque; se quedaron allí, en la memoria colectiva pero por detrás, ocultos bajo el telón que es el olvido.

Es fácil recordar que Marcelino nos dio con su cabeza, la primera Eurocopa, la del 64; pero pocos se acuerdan del gol de Pereda que abrió el marcador aquella noche en el Santiago Bernabeu. En 1974, minutos antes del gol decisivo de Müller en la final del mundial de Alemania, también marcó Breitner y los dos tantos de Kempes en el 78, siempre superaron al postrero de Bertoni; dos mundiales después, Burruchaga apagó a Valdano y al Tata Brown que abrieron el marcador en el imponente Estadio Azteca, y recuerdo claramente el gol de oro de Trezeguet en el 2000 frente a Italia, pero no recordaba que Wiltord marcó el empate que forzó la prórroga; Zidane y su volea ocultaron el gol de Raúl, el de Belleti al de Eto’o, el de Alfredo al de Manjarín, el de Marcos Alonso al de Víctor en el 83, e incluso el de Ghiggia al de Schiaffino en 1950; y así, hasta el infinito…en la historia de la Unión, sucede lo mismo, en el baúl de los recuerdos positivos, entre muchos, los míticos goles de Urzaiz hicieron olvidar el inicial de Torrecilla el día que subimos a primera en el Carlos Belmonte; y Pablito Zegarra hizo el gol del primer empate el día del 4-3 al Barça, pero fue olvidado tras el éxtasis final de los goles de Brito y Silvani, en el baúl de los negativos, más de lo mismo, todo el mundo recuerda hasta el dolor, que fue Eizmendi el que nos dejó sin ascenso aquella dramática tarde de Junio de 1987, pero antes de aquello marcó Tamayo… aunque lo hayamos olvidado o queramos olvidarlo.

FOTO: El Norte de Castilla.