...recuerdos de aquel niño que leía los libros de Gil Pérez en el viejo sillón de La Vega, aquellos recortes amarillos en el armario, aquellas tardes en la fría piedra del estadio, aquellos sueños, pensamientos y deseos que tuve desde aquella grada que fue mía, DESDE MI GRADA VIEJA...
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martes, 12 de octubre de 2021

De Redknapp a Enrique Miguel: Mi leyenda de Tittyshev.

 

“Siempre quise jugar en la Unión; lucir esa camiseta, notarla,

saltar a un césped con ella; me hubiera bastado un minuto;

poder plasmar mi nombre entre aquellos que sí lo hicieron,

aunque fuese el último de la lista.”

Ángel Martín Fuentes (1977- ) 


Corría 1990 y agotaba mis pobres posibilidades de lograr ser futbolista en el campo de cemento de futbol-sala que construyeron en el viejo patio de arena del Colegio Maestro Ávila de Salamanca.

Una mañana de sábado, como tantas otras, calcé mis deportivas y ajusté mis medias, con esa ilusión del que soñaba con fútbol a cada instante; con la única finalidad de poder jugar unos minutos.

Venía el líder en aquel momento, el equipo del "Juan Jaén" y como yo era de los malos, sabía que las posibilidades de lucir medias, si el partido estaba igualado, eran remotas.

El entrenador era Manuel, joven universitario, estricto, algo vehemente en ocasiones, pero con un buen manejo de un vestuario lleno de deshechos de tienta futbolística menores de 15 años.

Ahora entiendo mejor que ser entrenador de escolares no es sencillo, sobre todo cuando contemplas la diferencia técnica de unos y otros y moralmente estás obligado a que todos jueguen un poco. No les quito mérito.

Pasaron los minutos, calenté hasta tres veces… Y en el ocaso de un partido ya decidido, me mandó salir. En aquellos tiempos se jugaba a reloj corrido en aquellas categorías; y un desafortunado balón largo perdido en banda de un patio descomunal hizo de puntilla. No me dio tiempo a llegar al centro del campo, llevaba menos de diez zancadas dentro; cuando el árbitro pitó el final.

Desde la dureza de un momento que aún recuerdo sonrojante… hoy imagino, y hasta sonrío visualizándolo; que si aquello hubiera sucedido en un partido de la Unión; y yo hubiera sido un canterano debutante, lo hubiera dado por bueno; me hubiera bastado para cumplir el sueño, lucir aquella camiseta, aquel escudo; pisar un césped con ella, tocarlo, persignarme al hacerlo… porque aquel hecho en sí, si hubiera sucedido de aquella forma, por su grandeza, por su significado para mi, hubiera estado por encima de los sonrojos.

Pasó el tiempo, y agotadas las posibilidades de lograrlo por la vía reglamentaria futbolística del canterano cuando uno va cumpliendo años; sólo quedaba soñar en los veintimuchos o treinta y pocos; con encontrar a un Harry Redknapp de turno que se girase desde el banquillo en uno de aquellos partidos amistosos de pretemporada por la provincia, y me hiciera “debutar” como aficionado unionista del mismo modo que sucedió con Steve Davis en las filas del West Ham en el 94: (Ved el maravilloso Informe Robinson: La leyenda de Tittyshev).

Pero ni Caturla, Redondo, Rezza, Joanet, Lillo… fueron Redknapp, ni el que os escribe nunca fue un hincha impertinente como Steve Davis aquella tarde en el Court Place Farm del Oxford City.

Ya por encima de los 40 la cosa es todavía más complicada… ¿existen vías para poder sentir ese escudo en el pecho y acercarse a la historia de la Unión de alguna manera en el sentido que os comentaba, en este momento?...

Este blog me ha permitido tocar el cielo del unionismo infinidad de veces, hasta niveles impensables cuando empecé; lograr acercarme personalmente a figuras futbolísticas del club de mis amores; y mucho más después de la desaparición del mismo, haciendo recíproco un cariño mutuo entre exjugadores y el que os escribe.

En mi última visita a Salamanca, el jugador con más partidos disputados en la historia del club, el hombre que más encuentros ha llevado ese escudo en el pecho; me hizo un regalo.

Con un “No podría estar en mejores manos…” Don Enrique Miguel Martín, al que conocí personalmente en Madrid con motivo de la entrega de los Zamoras de D’Alessandro, me hizo llegar una camiseta original de la Unión Deportiva Salamanca del 82… usada por él.

No creo que haya nada que pueda superar algo semejante; y no visualizo en el hoy; con una Unión Deportiva Salamanca desaparecida, nada que pueda parecerse más a haber lucido esa camiseta en algún momento, que conservar y poder apretar entre las manos una original usada en los años dorados del club.

De momento luce enmarcada en mi “Buhardilla de los sueños”… no tuve valor para probármela… Quizá algún día abra el marco… ¿debo hacerlo?... y pueda "vengar" así a Manuel, el míster de escolares, o lucirla como el “búlgaro” Tittyshev, siguiendo instrucciones de Enrique Miguel, que me dio esta oportunidad impagable, y sentir por fin su escudo original en el pecho y poder cerrar el círculo, otro… éste como debutante imaginario en la Unión Deportiva Salamanca; cerrando los ojos, como niño que sueña, como lo que sigo siendo…

 


Gracias Enrique, no pudiste hacerme más feliz.

jueves, 18 de abril de 2019

Los para-avalanchas del cielo

Empecé a perder a la Unión cuando en el año 2002 me fui definitivamente de Salamanca. 
Lo siento así porque mi posición actual y mi sentimiento de nostalgia inamovible desde entonces sé que se derivan del hecho de que entendí y entiendo a la UDS no sólo como el club que fue hasta 2013, sino como ese mismo, pero sumado a todo aquello que lo rodeaba en mi vida de entonces: Los míos (los que están y los que se fueron), aquel día a día salmantino que cambié por otras latitudes y hasta yo mismo (aquel chaval que fui y que ya no soy por el paso de tantos años).
De este modo, desde entonces y hasta hoy, la Unión la siento como un montón de fotogramas de viejas películas Súper 8 en mi memoria, pero unas en las que no sólo hay fútbol; sino que avanzan mezcladas con una suma de recuerdos propios, personas y años que desgraciadamente no volverán.

No hace muchas semanas quedé cerca de casa con mi amigo Juan, "Juanito", histórico ex-jugador del Albacete Balompié entre muchos otros clubes españoles; con el que comparto desde hace casi dos años el placer, y para mi el privilegio, de hablar de fútbol y su historia cada cierto tiempo.
De memoria prodigiosa, conocedor profundo de la historia de sus clubes y acaparador de infinidad de documentos de los mismos; llevaba tiempo esperando esa charla con él bajo el calor de un café, pues entre tanto había logrado conseguir una buena cantidad de imágenes de cuando Juan jugaba en el Deportivo, alguna del Rayo Vallecano y hasta una de gran calidad de cuando compartió vestuario con Calero y Miche en el Real Valladolid, allá por el 64, para regalárselas.

Adoro escuchar a los que jugaron, sus vivencias de hombres de fútbol, diferentes a las percepciones que tenemos del mismo los simples aficionados que nunca pisamos el verde y que se descubren ante los oídos del profano como puntos de vista distintos. Puntos de vista del ex-jugador, que evalúan las cosas de este maravilloso deporte desde el mismo corazón del escudo que defendieron y muestran y enseñan la responsabilidad de lo que era vivir de un deporte en aquellos tiempos, tan alejados de la vorágine económica del fútbol actual.

Aparte de la evidente nostalgia que despiertan las conversaciones sobre imágenes en blanco y negro, me llamó la atención y me sobrecogió sobremanera aquella tarde, el hecho de que a medida que hablábamos de los integrantes de cada una de las fotos, íbamos tachando cuál lápiz afilado desde la memoria, los rostros de muchos de aquellos futbolistas de los onces impresos, cruces imaginarias sobre los jugadores que ya no estaban entre nosotros, bastantes de ellos; demasiados quizá: el propio Manolo Calero, Miche, Manolo Sanchis en el Valladolid, Aguilar, Sertucha, Loureda, etc... - ¡Cómo pasa el tiempo! - sentenciaba Juan – mientras se hacía palpable la nostalgia sobre aquellos años, que de igual forma que la mía pero desde esa perspectiva del que jugó, se mostraban también en cada imagen, irrecuperables.

Para los que encima somos de un equipo que no existe y vivimos su adiós como ese final de un todo que os describía al principio, el sentimiento en cada marca es más fuerte si cabe, pues la nostalgia se acrecienta en cada rostro tachado, sea de nuestro entorno o de tantos ex-jugadores que nos dejan, pues cada línea cruzada con otra sobre ellos, es un nuevo pequeño adiós a un trocito de historia que se nos aleja desde 2013.

He de decir que siempre sentí devoción por los ex-futbolistas, pues los entendí como parte fundamental de la historia de los clubes y así os lo escribo desde hace ya algunos años. Ellos deberían ser entendidos como el club en sí mismo, son sus raíces, pues son los que condujeron a cada equipo a lo que verdaderamente fueron. Su mayor orgullo. Su esencia misma.

Una vez escribí y así lo mantengo, que el último aliento de la Unión seguiría vivo en ellos, en sus ex-futbolistas, en su recuerdo, y que se apagaría definitivamente en el momento en que el último colgara para siempre las botas en el firmamento futbolístico y cierto es que ya no quedan muchos.
Cada vez que acudo al Carlos Belmonte los busco, y encuentro a la Unión en Néstor Susaeta o en el "torito" Acuña; hace poco fue en Salva Sevilla o en Alberto Cifuentes tras sus visitas a Albacete, pocos más...
Y elevando la reflexión al campo de la vida, para más tristeza, otros, de vez en cuando, es la ley natural, se tachan en fotos y cuelgan las botas de la vida cada año en el otro firmamento, en el de los cielos, y en los brazos de alguna estrella atan sus cordones y llenan campos imaginarios donde siguen jugando, con nuestro escudo, lo sé, y ya son más los que juegan allí que los que juegan por aquí, porque inevitablemente la vida pierde ese terreno al final y se nos apaga.

Por ello, siempre he querido pensar, desde esa nostalgia inamovible que os describía al principio, que llegará un día en que nos reencontraremos todos allí, en ese campo imaginario del que os hablaba, y tengo claro, seguro, que volveremos a disfrutar todos de todos y que podremos volver cada uno de nosotros a ese nuestro año del pasado deseado, añorado, donde por uno u otro motivo se nos paró el tiempo un poco.

Mi cielo quiero que sea así, lo imagino sin cuarto anillo, eso es de clubes inalcanzables; pero sí como una grada soleada poblada de para-avalanchas, con un verde inmaculado abajo, como cuando empecé a ir al fútbol… A mi cielo se llegará tras una luz al fondo que abrirá paso a esa platea luminosa donde nos esperarán apoyados los nuestros, los que se marcharon, tantos, tan queridos… y donde iremos apareciendo todos, cuando Dios quiera, sin prisa, para apoyados en sus hierros y poblándola poco a poco, volver a ver jugar a todos los ex-jugadores que nos dejaron y que pusieron a la Unión en el firmamento de los clubes irrepetibles con su esfuerzo; y donde la mayoría de ellos se seguirán abrochando las botas y seguirán jugando en ese verde del cielo donde siempre será domingo…
Allí en el césped, en cada partido, seguirá saltando Silva y tocándola arriba como en la imagen, correrán Nano, Joseíto, achicará Pavlicic, controlará Miche, marcará Iglesias, atajará Miguel que alternará con Joven, con Floro, con Zamora, y golearán Pruden, Diarte, Abilio que se cambiará con Antonio Díaz, con Loren, con Juanjo, con Calero, con Serafín, con tantos... y los ordenará Traid, que hará tándem con Fuentes, con Campos, con Soler, mientras lucen y defienden como ya hicieron ese escudo que sólo debería pertenecerle a ellos...

Y nosotros sé que los veremos, será desde esa grada y su cemento iluminado, seguro, mientras nos dejamos las manos aplaudiendo, como tantas otras veces hicimos; en esa vuelta a esa flor de la vida y en ese paraíso imaginario en el que fuimos tan felices con todos los nuestros y con ella... para apoyados en los para-avalanchas, los para-avalanchas del cielo,  volver a disfrutar nosotros de ustedes y ustedes de nosotros, en ese día, aún lejano, en el que todos nos hayamos marchado.


A todos los ex-futbolistas de la Unión, especialmente a los que ya nos dejaron, desde la admiración eterna del que os escribe, por construir durante 90 años un equipo irreemplazable.
Gracias a la familia González Pérez por esta maravillosa imagen del "cielo". Gracias a Silva QEPD y a sus hijos.

lunes, 18 de julio de 2016

El olor de los recuerdos

Contaba una vez Don Ángel Gabilondo que el olor que respiraba mientras paseaba por los mercados de La Habana en Cuba, curiosamente, le transportaba a Atocha... describía que el aroma de la fruta pisada, vieja, entre los puestos de venta; le trasladaba a la popularmente conocida como portería de "Frutas" del viejo estadio; a aquella grada que descansaba sobre el desaparecido mercado de mayoristas de frutas y verduras del barrio de Eguía donostiarra, y que impregnaba con su olor el fondo Norte durante la semana, para que los realistas, como él, lo respiraran los domingos al entrar por esa zona del mítico recinto.

Pienso que quizá no sea el más relevante de los sentidos; pero sin duda; para eso del recuerdo; el olfato quizá sí sea el más evocador de los cinco; y en eso, coincido con Gabilondo.

Le leí una vez a Manolín, escritor y exjugador del club, que el "perfume" del linimento Sloan olía a Campo del Calvario y no al revés; a primeras filas, a fondo del marcador desaparecido... y pienso en alto cuando digo, que es evidente, que a todos los que crecimos viendo fútbol en la infancia, esa mezcla de césped recién cortado y olor a tabaco recién prendido, a faria; nos traslada al instante, indistintamente, a cada uno de los estadios históricos o no, que nos vieron crecer... En mi caso, claramente es al estadio Helmántico y a su Unión Deportiva Salamanca.

Hubo un tiempo en mi casa, en el que mi madre cultivó la costumbre de conservar la ropa en los cajones junto a pastillas de jabón desnudas. Ropas de esas de las que no son "de diario", y entre las que durante quince días consecutivos descansaba mi bufanda blanquinegra... junto a guantes y calcetines de lana gorda los meses cálidos y entre camisetas de manga corta y bermudas los meses fríos...
Así, hubo un tiempo; en el que a aquel olor a césped recién cortado y tabaco recién prendido, común en el recuerdo de todos los aficionados al fútbol y que envolvía a la Unión en su juego; se sumó el aroma a jabón en forma de bufanda anudada a mi garganta, que me acompañó cada domingo; perfumando sutil, cada una de mis respiraciones mientras veía a la UDS y cantaba sus goles, y adornando hasta a aquel vaho oculto bajo la tela blanca y negra, que en invierno ya no me olía a frío; la Unión me olía a Heno de Pravia.

Hoy la Unión huele a otra cosa; a mi me huele a papel, a tinta vieja, a revistas antiguas con esa mezcla de papel couché y humedad en la que envejecen miles de páginas y recortes que conservo; y en los que hoy la busco y la encuentro...

Y sí, sé que las imágenes no huelen; pero desde que conservo el papel, (llámadme "nostálgico"), junto a pastillas de jabón desnudas; y más cuando veo ésta; en esa pose añeja de la Unión en 1946 ante la grada Norte del viejo Atocha; la que ocultaba el mercado de frutas; en su ausencia, hoy la Unión, sí...

Me huele a papel húmedo y tinta vieja; pero también me huele a fruta pisada y a Heno de Pravia...

La Unión forma el 20/1/1946 en el Campo de Atocha. Partido frente a la Real Sociedad. De pie de izquierda a derecha: Párraga, Olivares, Muñoz, Bernabé y Colón. Agachados de izquierda a derecha: Dámaso, Luengo, Conesa, Azcue, Urre y Salinas.



ENLACES:

miércoles, 12 de agosto de 2015

La mirada de Juanjo y Rezza

Hay gestos, poses, actitudes ante un objetivo que marcan.
Cuando de crío decidí colgar el póster de M.A.S de 1976 en las paredes de mi habitación para engrandecerla con la imagen del equipo más glorioso de la historia de la UDS, tomé como costumbre, de forma regular, detenerme delante de ella y observar cada detalle de la misma; llegando a escrutar con frecuencia cada recoveco que aquella maravillosa lámina escondía. (VER: Siempre conmigo).

Y siempre, siempre, como atraído por un imán imaginario, me acababa deteniendo en dos hombres, Juanjo y Rezza, los dos únicos, de aquel once histórico, que eligieron el objetivo de Chema y no otro, para mirarlo fijamente mientras la prensa disparaba; logrando con sus miradas un gesto de proximidad, para mi extraordinario, que los hacía tan intimidantes como cercanos.

Fueron muchas las veces que mi imaginación superó la imagen y aquella pose, en la que juntos en la formación, los dos defensas centrales titulares de aquel once, grandes, musculosos, fuertes y desafiantes, me hicieron acercarme a la grandeza de aquel equipo a través de sensaciones, del que vive lo que nunca vivió de alguna manera... y sentir como propia la magnitud de un bloque que defensivamente, gracias a ellos, entre otros, levantó admiración por toda España.

Esta semana se marchó Juanjo, Don Juan José Enríquez Gómez y la imagen que he sentido como la más grandiosa de la historia de la UDS desde niño se quedó huérfana de aquel gigante barbudo que observé tantas veces y admiré desde mis orígenes como aficionado, sólo con lo que me imaginaba.

D.E.P señor Juanjo, y no dude que me seguiré plantando delante de su mirada cada cierto tiempo, porque la Unión, su grandeza, y aquel orgullo blanquinegro del que Salamanca presumió alguna vez gracias a ustedes, se transmitirán eternamente en su mirada.



jueves, 6 de agosto de 2015

Soñando goles

Fui de aquellos niños que empezaron a dar patadas a un balón agarrado a Naranjito; de aquellos que en las fiestas del colegio cuando todavía se hablaba de 2º de preescolar y la pelota era más grande que nosotros, me vistieron de la Unión Deportiva Salamanca con el pantalón negro por encima del chándal por si me caía; fui de aquellos niños de los que en su colegio no tenían equipo de fútbol grande y sólo podían jugar al fútbol-sala, de aquellos que intentaban hablar de la Unión en los recreos y nunca encontraban con quién, de aquellos que crecieron sumidos en el fenómeno Butragueño; y que sumaron a Maradona, como pilares del futbolista que como niños, la actualidad televisiva de mediados de los ochenta hizo que quisieran parecerse.

Quizá fue por eso, por los espacios pequeños obligados del “futbito” y los modelos futbolísticos de la época, en los que lo sutil predominaba sobre la fuerza; por lo que desde entonces admiré siempre más la propuesta del envío raso que del largo y bombeado; entendí la “pared” como la forma más pulcra de desbordar al contrario y elevé el recorte en el arte del regate, por encima del desborde al sprint en los vértices del área. Integrando para siempre en mi interior, que en la definición, en los uno contra a uno frente al arquero, era la belleza del “pase” a la red ante su media salida, preciso y elegante, el que me llenaba y no tanto así el disparo con potencia... y que al final (como le escuché a Navalón años después) del embroque se sale andando, acompañando el remate del lance; el balón; con una media mirada...

Por eso y desde esa grada que tanto echo de menos hoy, en el estadio Helmántico, fue ese corte de jugador de “entre-líneas” los que más me llegaron; jugadores combinativos, frágiles en ocasiones, pero elegantes, con pies que empleaban una escuadra y un cartabón en sus decisiones...

Y así, como no podría haber sido de otra manera, de crío yo también deseé acercarme a aquello con mi humilde juego.

Avanzaron los años ochenta, y mis ansias por querer jugar en un equipo se colmaron en el colegio, donde alcancé mi principio y mi final como futbolista; futbolista de fútbol-sala, no había otra cosa; corría 1985 y aún recuerdo cuando Simón nos repartió aquellas camisetas rojas usadas por varias generaciones del colegio una tarde tras las clases; el día que en los soportales del Maestro Ávila nos dividieron en alevín “A” y alevín “B”, para mi desconsuelo. "Así podrás jugar más" -me dijo mi padre-.

Paseé mis pobres hechuras como atleta por muchos patios de la capital salmantina, con la ilusión del que en cada metro de cemento, imaginaba correr por aquel tapete verde que antaño cubría el firme del Helmántico... hasta jugué en el pabellón de la Alamedilla y aquello me pareció poco más que Wembley, el de ahora no, el legendario, el de toda la vida.

Pero desgraciadamente, fui de aquellos niños con ansias de balón que manejaban la teoría con cierta facilidad pero su cuerpo no era capaz de llevarla a la práctica. 
Para esta última, para ese arte del dominio del juego y la pelota sólo me servían las noches y sus sueños; porque ya acostado, sobre la almohada de mi casa de Salamanca, incluso antes de saberme dormido; como por arte de magia, el mismo balón que botaba siempre largo en el ajado cemento del colegio y siempre encontraba una pierna rival para oponerse al pase deseado; dormido rodaba fácil y botaba siempre como había imaginado un segundo antes de recibirlo, y los disparos eran precisos, y los pases medidos, nunca, nunca fallaba.
Aún así, a veces, en ocasiones, pocas, o al menos una sola vez en la vida, algo de eso soñado sí sucede; y uno lo guarda en ese trocito de la memoria de lo que sí pasó; y en ocasiones, cuando algo pulsa ese botón que refresca las imágenes y las envuelve en color de nuevo, se eriza la piel de los recuerdos:

Se consumían los últimos días del invierno de una de aquellas temporadas de Alevín, y tocaba visitar al Salesianos “B”, “debutar” en aquel añejo patio que vio formarse a tantas generaciones de grandes jugadores unionistas.

-Caído a banda derecha, cuando la primera parte tocaba a su fin, un balón rechazado me alcanza; un solo defensa ante mi, adelanto el balón, conduzco,  recorto hacia la derecha y ¡sí!, sólo el portero delante...-

Entonces, bien fuera por mi poca fuerza al golpear la pelota, bien por aquellos posos de jugadores sutiles y de espacio corto que admiré y que finalizaban apuntando, bien influenciado por del que no hacía mucho tiempo fue considerado delicado gol por excelencia, aquel del “Buitre” en San Paolo, o por qué no decirlo, por esa pulsión o automatismo del que no le da tiempo a pensar y simplemente lo hace.

-...ante su salida, golpeé sutil a su derecha; superándolo, y poste, y gol, todo lento, todo despacio; lo sé porque no perdí de vista aquel balón que entraba y que no entraba mientras me iba alejando, en esa celebración que empezaba pero no empezaba, con mi índice en alto...-

Celebración a la que casi 30 años después me llevó el visualizar esta maravillosa imagen del irrepetible Gombau a un gol de Maxi en el añorado Calvario, que sirvió para pulsar ese botón de la memoria que refresca las imágenes del que os hablaba, y que me transporta cada vez que la miro a la misma pose, a las mismas miradas a un balón sutil que aquella mañana en el cemento de Salesianos; donde por primera y última vez en mi vida hice con un balón en los pies, lo que tantas veces sólo había soñado.

sábado, 27 de junio de 2015

Hace veinte años

Si en algún momento de su existencia uno tuviera la capacidad de mirar al futuro por un instante, no me cabe duda de que la sorpresa sería siempre la norma.
Si hace hoy veinte años hubiera podido conocer qué sería de mi y de mi U.D.Salamanca; seguro hubiera escuchado el relato con una media sonrisa en un gesto suma de incredulidad y extrañeza; envuelto sin duda, en uno de esos silencios que no se rompen con nada… sí, seguro, estoy convencido, así hubiera sido.

Hace veinte años iba a cumplir en poco más de un mes los dieciocho y acababa de hacer los exámenes de selectividad, que fueron una prueba de fuego para mi capacidad de concentración, pues se mezclaron con el partido de ida de la promoción… (al que fui) ese clásico encuentro que como aficionado uno desea vivir al menos una vez en la vida.

Una semana después, la vuelta la viví en casa de mi abuela, en el barrio de La Vega; con ese bajón de la misión académica cumplida y la decepción orgullosa de una derrota en el Helmántico que presentaba la vuelta como un reto previsiblemente inalcanzable.
No teníamos Telemadrid para ver el encuentro; y lo seguí nervioso en mi silla de los partidos, aquella que creía talismán, con mi walkman Sony y sus cascos; esperando con el paso de los minutos un milagro en el que reconozco que sólo empecé a creer con el gol de Torrecilla al filo del descanso.

Veinte años después, aquella selectividad que me llevó a estudiar medicina; indirectamente, quien me lo iba a decir,  hizo que hoy la esté ejerciendo en aquella ciudad que enmudeció Urzaiz con sus dos goles y veinte años después de aquel histórico duelo, hasta vivo a escasos tres minutos de aquel recinto y mis dos hijos, albaceteños, quizá algún día me pidan que les compre una bufanda de aquel equipo que cayó con estrépito aquella noche de hace hoy veinte años.

Dos décadas completas han pasado, y veinte años después de ese día, aquel equipo, el mío, que subió a primera aquella noche y que fue mi pasión desde mis tempranos cinco años; no existe hoy, y lo que es más dramático, no volverá a existir jamás… quién me lo hubiera dicho.

Así que hoy; (quién me lo hubiera dicho también en aquella noche de gritos, abrazos y lágrimas, en las que nos fundimos en el salón de aquella pequeña casa de verano, hace hoy veinte años); amanecí temprano y caminé hacia el estadio Carlos Belmonte, para buscar la entrada de Gol Norte y ubicarme unos minutos ante ella… en el deseo, ingenuo, como hago a veces, de querer sentir que un trocito de la Unión también descansa, veinte años después, en esta ciudad, en este estadio. 

Sobre ese fondo, remodelaciones incluidas, hoy, veinte años atrás, Sito templó el balón de su vida para que Ismael Urzaiz hiciera lo que todos ya sabemos… Sí, aquí mismo, en Albacete, quién me lo iba a decir a mi, hace veinte años...

viernes, 10 de abril de 2015

Añorada UDS

Cuando hace casi dos años desapareció para siempre la U.D.Salamanca llevaba escribiendo en este Blog casi tres. 
Hasta aquel momento en él había puesto la intención, alejado de Salamanca como me encuentro desde hace más de una década, de utilizarlo como recordatorio de vivencias personales en aquella grada que sentía lejana e intentar promocionar la grandeza de un equipo, de un club, en horas bajas, salpicando entre la historia, textos de modesta opinión de la actualidad de una entidad que por aquel entonces agonizaba.
Pero fue con su desaparición cuando refugié en este modesto Blog mi necesidad de superar ese drama del perder esa pasión interior que me acompañó desde niño, con la intención de sentirla viva en el pasado y rescatar imágenes de vídeo, fotografías que aliviaran mi pena; "engañándome" al querer revivir cosas que me precedieron en el tiempo.

Hubo un antes y un después, del contacto con Paco Grande, en esa ilusión de recuperar cosas inéditas de la Unión... lo tendré presente siempre.
Abierto a sugerencias y compartiendo esa pasión común que es la historia del deporte; se abría, de la mano de uno de los periodistas polideportivos referentes de este país; la posibilidad de rescatar de esa videoteca descomunal, que es el archivo de RTVE; goles, imágenes, escenas históricas de esa UDS ya desaparecida...

Primero fue en forma de una breve e histórica pieza en Estudio Estadio, en la que el mundo volvió a ver por ejemplo, el histórico gol de Alves en Chamartín; y ayer fue este Conexión Vintage de 53 minutos poblado de imágenes (muchas inéditas) para el recuerdo.

La Unión fue mucho más grande que esos 53 minutos; (lástima que los registros audiovisuales no reflejaran con sus cámaras retazos de nuestros primeros 50 años de vida), pero los 53 minutos vividos ayer alcanzaron la emoción, que un desaparecido club histórico merecía.

Mi más profundo agradecimiento a Paco Grande y Juan Carlos Díaz (y resto de profesionales que trabajaron en el reportaje), por dar importancia a un histórico como fue la Unión Deportiva Salamanca emitiendo para toda España este histórico Conexión Vintage "Añorada UDS":



viernes, 27 de marzo de 2015

Grada central

La primera vez que mis huesos dieron por largo tiempo con una tierra que no era Salamanca; fue allá por el inicio de este siglo. Valencia fue el destino.
Perder la posibilidad de poder ir habitualmente al estadio Helmántico cada quince días, como había hecho desde principio de los 80, se hizo complicado durante muchos meses; durante varios años; por lo que ese gusanillo del olor a faria, gritos a destiempo, clamores, goles y tertulias futbolísticas de estadio de forma habitual, los eché, por desgracia, en falta y mucho.

No quedaba por tanto más remedio, con el fin de encontrar sensaciones que mantuvieran vivo el rescoldo, de ese fútbol de estadio lejos de casa, que buscar y encontrar la posibilidad de visitar, menos de lo que hubiera deseado, pero con alguna regularidad, el campo de Mestalla.
Destino complicado aquel para lograr una localidad asequible y con visión adecuada para lo que era mi deseo, pues con la base de aquel que se crió en las gradas de un estadio de 20.000 espectadores donde la fila más alta no alcanza la mitad siquiera de alguno de estos descomunales recintos, no todas las alturas me satisfacían como espectador acostumbrado a recintos pequeños.

La fortuna, y el hecho de ir solo; (difícil el encontrar dos huecos juntos en un estadio cubierto de abonados) me brindaron la posibilidad de ir con cierta frecuencia a la Grada central de aquel estadio; donde el fútbol se veía de maravilla; aunque siempre con esa necesidad de mirar levemente hacia abajo; algo nunca experimentado antes, desde mis diferentes localidades de socio en el Helmántico.

Sólo me faltó la guinda: Haber tenido la oportunidad de ver desde allí a la U.D.Salamanca.
Pero desgraciadamente, mis 4 años en Valencia coincidieron con aquel eterno pasar por 2ª división del equipo charro; por lo que nunca se brindó la posibilidad de visitar aquel recinto para animar a la blanquinegra.

Hace meses y gracias a Don Paco Lloret, referente en el conocimiento de la historia de ese transatlántico que es el Valencia C.F y su Mestalla, descubrí esta espectacular imagen; que me permitió, ahora sí y como hubiera deseado en aquellos años, unir a la Unión, con el Valencia y con la Grada central de Mestalla, todo en una instantánea.
Sé que faltaba yo; sentado en el sector 17, en la central, pero en ese ejercicio de añoranza, imaginación y recuerdos en los que se ha convertido mi unionismo desde hace casi dos años; mirando el balón de la imagen; me sentí allí; como aquellas tardes, sentado sobre ese faldón del valencianismo con forma de Grada central, con mis ojos por encima del juego y viendo ese esférico que atrapaba Antonio sobre la cabeza de Fernando Morena, allá por 1980...


FUENTES:
Gracias a D.Paco Lloret por la maravillosa imagen de esta entrada.

viernes, 5 de diciembre de 2014

Con la cabeza alta


1-0, 1-0, 0-1 y 0-0... no, no es ninguna combinación de un código binario, son los cuatro primeros resultados que la U.D.Salamanca cosechó en el Estadio Santiago Bernabéu a lo largo de las cuatro primeras temporadas que militó en 1ª división.
Unos resultados tremendamente meritorios, si tenemos en cuenta la condición de debutante en la élite de los nuestros y si partimos de la base de que aquel Real Madrid venció en tres de aquellos cuatro campeonatos de liga.

Campeonatos que pueden ser considerados, por clasificación y dinámica deportiva, como los 4 mejores de nuestra historia.
Campeonatos que vieron al mejor D'Alessandro, campeonatos en los que descubrimos a un deslumbrante e irrepetible Alves; o en los que nuestra línea defensiva y sus diferentes integrantes de la mano de José Luis García Traid (Rezza, Lanchas, Iglesias, Juanjo, Huerta...); fue considerada en muchos momentos, la mejor defensa de España.

Así, en aquel quinquenio mágico (1974-1978), la Unión contó sus visitas al templo del campeón del momento; por grandes partidos; adornados con la honradez del trabajo bien hecho de un equipo competidor y en los que según las crónicas del momento; sí; se puntuó sólo dos veces; pero se pudieron haber sumado puntos en las cuatro visitas.

La maravillosa imagen a color que preside el post (Gracias Sergio Guerrero) corresponde a la segunda visita oficial en liga que la Unión hizo al Real Madrid en Abril de 1976; fue en la jornada 30ª de la temporada; en una recta final del campeonato en la que la UDS aún pugnaba por salvarse matemáticamente.




Y en un partido presidido por el orden; de un conjunto salmantino que se presentó con múltiples bajas; sólo la magia de una de las estrellas blancas pudo desnivelar la balanza del lado del que sólo dos jornadas después se proclamaría campeón de liga.


Las ausencias de Rezza, Álvarez, Robi, Pérez y Víctor; que fueron suplidas por alguno de los menos habituales aquella temporada como Galleguillos, Chaves, Lacasa, Huerta o Bustillo; no se notaron apenas por el buen trabajo organizativo del equipo.
Enfrente el Real Madrid, que días más tarde se jugaría su futuro en la Copa de Europa aquella temporada visitando en la vuelta de semifinales al Bayern de Munich; formó con un once con las ausencias destacadas de Pirri y Sol. FOTO INFERIOR: De pie de izquierda a derecha: Benito, Uría, Miguel Ángel, José Luis, Breitner y Camacho. Agachados de izquierda a derecha: Amancio, Del Bosque, Santillana, Guerini y Netzer.



Sólo un prodigioso remate de cabeza del que sin duda es considerado uno de los mejores cabeceadores de la historia del fútbol mundial (Santillana); superó el entramado charro y la estirada del eterno D’Alessandro; para tras golpear el esférico en el poste; servirse a sí mismo el balón en bandeja y remachar su anterior remate, ya sin oposición, al fondo de las mallas. (Bajo estas líneas secuencia de cinco imágenes del gol de Santillana).





Tuve la oportunidad, y la suerte, pienso ahora, de ver jugar a la Unión tres veces en el Santiago Bernabéu; fue en los años 90. 
Años en la élite, pero a un nivel mucho menor que en aquellos lejanos 70; donde el equipo competía, pero menos; a diferencia del quinquenio hoy reseñado; donde aquel equipo, siempre vestido de rojo, era capaz de jugar y aspirar a ganar con la cabeza siempre alta en estadios, históricamente, como aquel, de otra galaxia.

Iglesias y Pita intentan obstruir el disparo a puerta del madridista Guerini.

FUENTES:
As y Marca

jueves, 27 de noviembre de 2014

Cuando nos marcaban los grandes

En semana de récords inalcanzables del gigante del momento, duele pensar aún más en la distancia que el presente de aquellos que disfrutan de sus acciones, nos separa del nuestro.

En los 70, en cambio, nuestro presente; para regocijo de aquellos salmantinos que siguieron al equipo por toda la geografía española, se solapó al de todos aquellos buques insignia que en forma de grandes jugadores retaron domingo tras domingo el arco, del que fuera incluso en el 75, el equipo menos goleado de la liga española.

No tardamos en recibir sus remates desde Septiembre de 1974; La Condomina, La Romareda y el Camp Nou, fueron las tres primeras salidas de aquel debutante en primera, y allí, en el estadio del barrio de Les Corts; no fue en aquel entonces un argentino menudo el que probaba a los nuestros, fue un tal Johan Cruyff, el mejor jugador del mundo del momento, el que remataba al fondo de las mallas de un modesto equipo irrepetible...


NOTA: La superior es la imagen del único gol que el holandés Johan Cruyff anotó a la U.D.Salamanca en los 6 partidos en que se enfrentó a los nuestros. 
Aquel 27/10/1974; a centro de Rexach desde la banda derecha, el 9 del F.C.Barcelona remata inapeláblemente de cabeza ante la mirada de Rezza, Iglesias, D'Alessandro y su compañero Costas.

FOTO: Seguí

sábado, 1 de noviembre de 2014

La magia de un gol cualquiera

Fueron más de 1500 los goles oficiales que la U.D.Salamanca anotó en las porterías del estadio Helmántico a lo largo de su historia en común.
Amplia cuenta de goles que para un aficionado cualquiera de esos cuyo equipo vive y lo sigue fielmente desde su infancia, no le sería complicado incrementar.
Sólo tendrían que acercarse un sábado o domingo que haya fútbol en su estadio, sentarse a ver a su equipo, respirar profundo y esperar a que el buen trato a un balón y el azar, hicieran el resto.

Pero para los que nuestro equipo de fútbol sólo es historia y nuestro estadio duerme cerrado envuelto en lágrimas de soledad y vergüenza; la cosa no es tan sencilla.

Sólo la posibilidad de encontrar imágenes de goles del pasado, de tantos de esos 1500 que no vi, me aproximan hoy de forma especial, mágica incluso, a aquel equipo y su estadio; acercándome al menos un poco, al aficionado que fui.

Cosa que me sucede sólo de vez en cuando, cuando busco y encuentro, cuando doy con goles inéditos para mi, como este del 83...
Pepe, Enrique, Micanovic, 6 toques al balón en vertical para un golazo... para hacerme querer pensar que en la lejanía de la distancia que me separa de Salamanca, de ti, no es que no existas, es que sigues jugando y no puedo ir a verte... como me sucedió tantas veces, como me sucedió tantos años.



Fuente: Ciberche

viernes, 26 de septiembre de 2014

Desde la piedra

Aunque empecé a ir al Helmántico con frecuencia algunos años antes, hubo una temporada en la que esa capacidad de recordar lo vivido pasó de albergar sensaciones y detalles de forma inconstante y algo menos profundos; a desarrollar esa capacidad casi obsesiva de recordarlo “todo”; un todo que pasaba desde el recuerdo de “carrerilla” de alineaciones salmantinas y sensaciones nítidas vividas a lo largo de los noventa minutos de cada uno de los partidos; hasta recordar el lugar dónde escuché por la radio, los encuentros, que fuera de casa, retransmitían las cadenas locales los domingos por la mañana.

Aquella temporada fue la 87-88; aunque para esa nitidez de la que os hablo, mi memoria unionista se despertó una jornada antes del inicio de aquel campeonato; justo en la última jornada del anterior; unos meses antes, en Junio de 1987; en el partido de más ingrato recuerdo para el unionismo de mi generación (VER); pero que forjó ese punto de inflexión, que desde 1982 y en el baúl de mi memoria, se había poblado de recuerdos inconstantes.

Aquel Helmántico del 87 era de piedra; fría, despoblada... y cuando llovía las techumbres metálicas no garantizaban el cobijo de los que nos resguardábamos debajo; un estadio envejecido, que pedía un lavado de cara, urgente; en una decadencia que de la mano del propio club; peleaba contra una cuesta abajo; que se había iniciado y sin freno, menos de tres años antes (VER).

Un Helmántico todavía sin marcador con luz, con banquillos a ras de suelo, con verjas que sólo parcialmente dejaban ver que fueron verdes en su origen; y con una megafonía que no invitaba a reconocer un himno inmortal entre el ruido que emitía como base; pero que mantenía intacta la esencia de su identidad más profunda; su tapete verde de césped inmaculado, sus porterías con soportes curvos inolvidables y la Unión Deportiva Salamanca que se asomaba cada quince días a su acristalado, en aquel entonces, túnel de vestuarios.

Así, cada domingo, durante las 38 jornadas de aquel campeonato; y a lo largo de los 19 partidos que fui al fútbol a ver a la Unión aquella temporada; aquella plantilla, la del récord (VER), la de la vuelta de Traid, la de aquella combinación de juventud y veteranía; la que con su calidad manifiesta y amparada por una reforma de la 2ª división “B” que devaluó parte de la competencia; fue sin lugar a dudas, la que considero hoy, por lo descrito, primera plantilla de la U.D.Salamanca grabada a fuego en mi recuerdo.
Encontré esta imagen no hace muchos meses; y la sentí cercana; sentados en la piedra de las pistas; Traid y aquellos jugadores que admiré con ojos de niño, me miraban; como metáfora a aquellos, tantos partidos sentado en similar piedra gris, mirándolos a ellos, desde la fila uno del fondo sur del estadio Helmántico.


En este mismo mes de Septiembre; cuando estuvimos en La Sagrada y me senté en el poyo de piedra que reposa desde siempre en la puerta del corral de la casa que fue de mis abuelos; con Ángel a mi lado, recordé esa sensación al sentarme en aquellos tiempos.
Esa misma sensación de piedra dura, fría, que tenía de niño; cuando mi padre y mi tío se quedaban arriba de pie en fondo Sur y yo bajaba solo a la fila uno y me acomodaba sin almohadilla tras la verja verde cada domingo.

Y como sé que Ángel se parece a mi de crío; sentados los dos en el poyo, tuve esa extraña sensación del que mira atrás y se ve a sí mismo, de niño, como en una escena de ciencia ficción en la que uno podría llegar a sentarse al lado de uno mismo con 27 años menos.

Para así, sentados los dos en la piedra, mi yo hoy y ese yo de ayer en el que me veo siempre que miro a Ángel; en la fila uno de fondo Sur, con los pies apoyados sobre un lecho de cáscaras de pipas que descansaban allí abajo jornada tras jornada; y mirando entre los huecos de los hierros verdes, que en forma de rectángulos en vertical; dividían la visión de un partido de gigantes vestidos de blanquinegro...
Tuve ganas; sin desvelarle un futuro descorazonador de un presente que no existe; de cogerle del hombro; a él, a mi; y susurrarle:

“- Disfruta cada segundo que vivas sentado en este estadio, apasiónate con cada una de las sensaciones que te hagan vivir los que vistan esta camiseta; recuerda todas y cada una de las cosas que vivas aquí sentado, desde esta piedra..., porque no son eternos”.

Muy seguro estoy de que nadie venido del futuro me susurró aquello allá por 1987,... pero hoy mi recuerdo me hizo dudar; porque a todo aquello que imaginé decirle a mi hijo hace unas semanas; en esa proyección presente/pasado desconcertante; a todo, el Ángel de hoy, el que os escribe; a todo; le hizo caso...

Gracias U.D.Salamanca por tanto.

miércoles, 18 de junio de 2014

Si hubiera sabido...

"Si hubiera sabido que aquella era la última vez que te veía salir por la puerta, te hubiera dado un abrazo, un beso y te hubiera llamado de nuevo para darte más. 
Si hubiera sabido que aquella era la última vez que iba a oír tu voz, hubiera grabado cada una de tus palabras para poder oírlas una y otra vez indefinidamente.
Si hubiera sabido que aquellos eran los últimos minutos que te veía, te hubiera dicho "te quiero" y no hubiera asumido tontamente que lo sabías.
Si hubiera sabido que aquel día era todo lo que nos quedaba, me hubiera gustado decirte cuanto te amaba y que nunca te olvidaría..."

Editado en tiempo pasado de "La marioneta" de Johnny Welch. 1996.


Tomé esta imagen con mi móvil el último día que tuve el privilegio de estar allí, con ella.
Fue una única y espontánea fotografía la que hice sin pensar, casi inconscientemente aquella tarde...
Viví muchas imágenes a lo largo de mi vida siguiéndola, pero desde aquel último partido que presencié y más desde aquel 18 de Junio, de triste recuerdo, del año pasado; no ha habido un solo día en el que ese último cliché, metáfora de una última imagen en mi retina, no se pasee por mi cabeza recordándome el dolor eterno del no haberme podido despedir de ella como merecía.

Te echo mucho de menos U.D.Salamanca

viernes, 9 de mayo de 2014

Sempre con noi

Pasaban pocos minutos de las cinco de la tarde del 4 de Mayo de 1949 (hace escasos días se cumplieron 65 años) cuando el avión que transportaba a la plantilla del Torino F.C se estrellaba contra el muro posterior de la basílica de Superga en las afueras de la capital turinesa, falleciendo jugadores, directivos, técnicos, tripulación y periodistas hasta completar la lista de 31 pasajeros; la totalidad de los integrantes del vuelo.
Es difícilmente imaginable el sentir, en el drama de un suceso semejante, de los familiares de los fallecidos; del mismo modo que lo fue el de los miles de aficionados que sintieron la profunda tristeza y el estupor del desaparecer en un instante de los integrantes del equipo de sus vidas.

Aquel Torino denominado Il Grande era el mejor equipo del momento, con cinco Scudettos consecutivos con la II Guerra Mundial entre ellos (1943, 46, 47, 48 y 49) y la base de la selección italiana que en poco tiempo debiera haber disputado el mundial del Brasil'50; se esfumó en un instante...
El Torino F.C no volvió a ser el mismo; con un único Scudetto más desde entonces; se siguen añorando hoy a  aquellos que formaron el equipo de su historia.
Los nombres de Valentino Mazzola, Ezio Loik, Gabetto, Maroso, Menti hasta 18... siguen en la memoria de todo buen aficionado granate más de seis décadas después...

Desde hace años sobre las que hoy son las ruinas del viejo estadio Filadelfia donde disputó sus partidos aquel "Il Grande Torino" en la década de los 40; y sobre uno de los muros que sustentaba la tribuna principal del estadio, entre hormigón envejecido, hierros oxidados y los paraavalanchas retorcidos que sustentaron la pasión de la hinchada granata; duerme este emotivo mural para el recuerdo de aquel histórico equipo, que inevitablemente en el silencio de un recinto abandonado sobrecoge aún hoy en día...



Mi equipo no fue nunca el mejor de ninguna época, ni ganó ligas, ni Scudettos, ni formó la base de ninguna selección en la antesala de un mundial de fútbol; pero mi equipo, al igual que aquel, también se fue... y no sólo él; la entidad completa, ya no existe...
No fue la niebla la razón de su tragedia aquel 18 del Junio pasado y afortunadamente (y salvando las distancias) no fueron vidas las que se perdieron en aquel envite del destino, aquel fatídico día del que pronto se cumplirá un año; mi equipo y todo el club, nos dejaron entre papeles en un juzgado, entre montañas de facturas sin pagar, mucha desidia, denuncias e infinidad de miradas para otro lado.

Ayer, al salir de la biblioteca de la facultad de derecho; quise regresar a casa ampliando mi ruta, subiendo por la calle Peña de Francia para acercarme al lugar al que acudo habitualmente en los momentos de flaqueza en mis recuerdos unionistas de esos que sigo teniendo a menudo.
Un mural inspirado en Il Grande; haciendo honor a aquel equipo y entidad insustituibles que desaparecieron hace casi un año; decora una de las paredes que hoy en forma de estación sustituyeron a aquellas tapias que sustentaron el fondo del marcador del viejo campo del Calvario, donde la Unión Deportiva Salamanca jugó durante casi 50 años...
Un mural anónimo que honra a tantos que la integraron durante tantos años y que me sirve desde su desaparición para recordarlos...

¿O estaba soñando?...


SIEMPRE CON NOSOTROS.


FOTO Torino: eldomingoalascinco

lunes, 3 de marzo de 2014

Primeras lecciones

El pasado veinte de Febrero nació nuestro segundo hijo; 3590 gramos de ilusión dieron forma al pequeño Rubén Martín Garrido.
Después de unos días de obligada desconexión y ya en casa tras un ingreso en el que afortunadamente, para madre e hijo, todo resultó perfecto; surgió en mi el deseo de llevar al Blog a Rubén (como ya hiciera con el nacimiento de Ángel en 2010) asociando, como no, al sentimiento de alegría plena por su llegada; algo de ese unionismo que familiarmente intentamos mantener intacto a pesar de las actuales circunstancias de una institución definitivamente desaparecida.

Pero, ¿es posible formar desde la cuna a aficionados de la UDS sin que ella exista…?
A 500 km de Salamanca, se hace difícil sin duda conseguir muestras palpables de "U.D.Salamanca", de unionismo en esencia, aunque en estas tierras en las que residimos desde 2006; en Albacete y con sus antecedentes futbolísticos comunes, podrían contemplarse opciones de lograr un buen punto de partida.

Si a esta circunstancia inicial, añadimos la casualidad matinal ocurrida hace unas horas; puede que acercarse a ese unionismo en esencia se convierta, en estos parajes, en un hecho más fácil de lo inicialmente imaginable.

Así, esta mañana, en aparentemente uno más de los innumerables paseos que por la cercanía de nuestra casa (200 m) solemos dar habitualmente alrededor del Carlos Belmonte desde que nació Ángel hace 3 años y justo en el primero que dábamos con Rubén, camino del obligado pediatra… surgió esa oportunidad que el unionismo en pañales de Rubén y Ángel merecían; una puerta entreabierta y un amable empleado del Albacete Balompié hicieron el resto…

A pesar de ser el estadio parte principal del barrio donde residimos, admito que sólo pisé sus gradas para ver jugar allí a la Unión; aún así, sí me asomé a sus rejas en ocasiones, solo, pensando siempre que no hay mejor lugar en Albacete que pueda aproximar más a lo que fue la mayor explosión de orgullo unionista jamás vivido por uno, que los tres palos de la portería del Gol Norte del Carlos Belmonte y por tanto, que no habría mejor forma de acercar a mis hijos, a la esencia de unos colores a 500 km de Salamanca; que el contemplar y respirar juntos: Ángel, el Bugaboo con Rubén y el que os escribe; observando desde el umbral de un estadio vacío; aquel marco; aquel en el que casi 19 años antes, entraron los dos goles que más he gritado en mi vida y que sin dudar supusieron el cénit de un sentimiento nunca superado tras aquella histórica noche. 


Lógicamente sé que ni Ángel con sus tres años, ni mucho menos Rubén habrán entendido con este gesto todavía el concepto; tampoco sé si podrá servir de algo en un futuro si ni siquiera aquel equipo que goleó en aquella portería existe en la actualidad…y por tanto, no podrán verlo jugar en ocasión alguna.
Pero a pesar de todo, no se me ocurre desde aquí, un mejor punto de partida para iniciarse en una utopía como la del ser de un equipo que no existe; que el reflejado en esta historia…

Sirvan las imágenes de aquel 0-2 y 0-3 definitivos de 1995, como ilustración a esa primera lección unionista desde el umbral del Belmonte; que aun siendo mil veces visionadas con anterioridad y a pesar de sentirse lejanas hoy, por lo que ya no volverá a ser; siguen sin perder la intensidad vivida; más si cabe bajo la voz de la narración de Eduardo Blanco que para SER Salamanca, cantó aquellos goles aquella noche,…en aquella portería del Gol Norte inolvidable, la misma; que hoy le presenté a mis dos hijos…




Bienvenido a este mundo Rubén, te quiero.


FUENTES: 
Imagen editada con Instagram.
Vídeo procedente de Telemadrid editado con la retransmisión de radio de SER Salamanca.