...recuerdos de aquel niño que leía los libros de Gil Pérez en el viejo sillón de La Vega, aquellos recortes amarillos en el armario, aquellas tardes en la fría piedra del estadio, aquellos sueños, pensamientos y deseos que tuve desde aquella grada que fue mía, DESDE MI GRADA VIEJA...
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lunes, 18 de enero de 2021

La buhardilla de los sueños

En el mueble que presidía majestuoso el salón de mi casa de Salamanca, mi madre siempre tuvo a bien reservarme uno de los cajones del mismo cuando era crío.

En aquellos primeros ochenta, mis juguetes favoritos no eran muy grandes; y prácticamente todo lo que amaba de chico con mis seis o siete años, podía guardarlo en aquel cajón sin problema. 

Recuerdo que en muchas ocasiones en aquel entonces, me invadía un deseo extraño y tremendamente placentero; consistía en imaginar, con poco esfuerzo lo conseguía, que era capaz de menguar de tamaño, de hacerme más chico aún, y lograr dormir con mis pequeños juguetes dentro de aquel cajón.

Cuando en sueños lograba cumplirlo, de forma reconfortante experimentaba una sensación tal, de sentirme rodeado y protegido por todo aquello que me apasionaba en aquel momento, que a pesar de todo el tiempo que ha pasado, lo sigo recordando.

Cuando compramos esta casa hace diez años, cuando aún éramos dos, si hubo un lugar que me fascinó desde el principio, ese fue la buhardilla.

Reconozco que nunca había vivido en una casa con alguna; pero enseguida imaginé sentir allí esa sensación de disfrutar de un espacio apartado, solitario, donde uno pudiese tener momentos de escucharse solo a sí mismo... aislándose, en una casa grande como es ésta, de todo el ruido del resto de plantas que descansan más abajo.

En el momento de la compra, me vinieron, por su semejanza, recuerdos de aquel viejo desván de casa de mis abuelos paternos, en La Sagrada, donde sé que empecé a forjar esa afición a coleccionar papel antiguo, aprovechando ese "Diógenes" no patológico que tienen muchos de nuestros mayores (el de los míos en forma de pilas de periódicos viejos), quizá por eso de que vivieron épocas en las que nada sobraba.

Meses antes del confinamiento, había decidido trasladar todas mis cosas de fútbol allí arriba, todas las cajas de mi colección de material de la Unión, todas la carpetas de recortes, todos los libros que habían estado abajo hasta entonces, junto a todos los juguetes viejos de los niños, sin mucho orden hasta aquel instante. 

Siempre había pensado que toda aquella cantidad de cosas que me apasionan, merecían un lugar mejor, y el final del 2019 fue el momento elegido para el cambio.

Si Marzo y Abril fueron meses para olvidar para todos, a mí me hundieron en Mayo; no pude salvar el barco, que herido de muerte desde un primer impacto certero e irreparable en su línea de flotación, se fue a pique sin remedio.

Fue desde entonces donde aquella buhardilla se convirtió en el cajón del mueble del salón de mi casa de Salamanca de cuando era crío; y así cada noche, hasta Agosto, cuando se dormían los pequeños; trepaba hasta allí arriba, me rodeaba de carpetas, clasificaba cromos, releía pasajes de la historia de la Unión en mis amados libros viejos; y me quedaba dormido bajo esa sensación de que todas aquellas cosas me protegían; agarrándome a ellas cada noche buscando fuerzas, pensando en que mañana al despertar, todo habría sido un sueño.

Dicen que no son los lugares, sino el momento de nuestras vidas en el que estuvimos allí y el con quién estuvimos allí, lo que verdaderamente recordamos y pone en valor a los mismos... y con toda seguridad siento hoy que eso es cierto.

Mi cajón de los juguetes particular, mi buhardilla de los sueños, toca el cielo de mis lugares favoritos hoy, no por la luz que tiene ni por las vistas del barrio cuando miro al norte desde sus ventanas diminutas, sino porque la descubrí en el punto de inflexión de mi vida...

Mi cajón de los juguetes particular, mi buhardilla de los sueños, toca el cielo de mis lugares favoritos hoy, no por su terraza soleada, ni por su acústica cuando pongo mi música sin descanso, sino por la compañía que tuve cada noche de aquellos tres meses allí arriba...

Porque no estuve solo; estuvisteis muchos de vosotros y vuestros mensajes de aliento cada noche, estuvieron mis cromos, mis recortes, mi colección de fotos de la Unión, sus insignias y sus llaveros, estuvo el Diego y su autógrafo, estuvieron D'Alessandro, Juanjo, Rezza, Iglesias, Lanchas, Enrique, Juanito, Víctor, Alves, Pita, Pérez... que me miraban cada noche desde el póster de aquel partido del 76 que descansa allí colgado, estuvo tu escudo (¡gracias Manuel, amigo!) que preside majestuoso la estancia desde entonces; estuvieron mis niños, Ángel y Rubén, con sus rostros enormes en mi cuadro favorito; y estuviste tú; quizá aún no te conozca, o sí, quién sabe, que me hacías soñar con que una nueva felicidad podría ser posible... 

Desconozco aún lo que me deparará la vida a partir de ahora, pero de lo que sí tengo certeza es de que en mi casa, una planta por encima de ésta desde la que estoy escribiendo, hay una estancia, a la que si trepas de noche y en ella cierras los ojos fuerte, rodeado de todas aquellas pequeñas cosas que se esconden en sus estantes... en forma de luz de esperanza, se asoman tus sueños.



viernes, 18 de octubre de 2019

Los goles que no nos dimos

No existe peor pérdida que aquella con la que no contabas, incluso pudiendo contemplar esa desgraciada posibilidad desde hacía tiempo, es imposible evitar, llegado el día, ese derrote al alma profundo que es el saber que por desgracia, por las circunstancias de aquel día, se fue y no pudiste despedirte de ella.
Que no hubo un beso final, que no pudiste mirarla, tocarla mientras se marchaba; porque estabas lejos, porque ni remotamente imaginabas que pudiera haber sido como y cuando fue; porque podía haberse esperado una semana más... porque ya habíamos quedado.

Siempre entendí, y así lo escribí hace tiempo, que el gol es el beso del fútbol y que cuando te marchaste, por mi lejanía, llevábamos tiempo sin darnos uno juntos y el último, aquel infausto día, ni siquiera lo recordaba.

Sonrío cuando recuerdo estando allí contigo, aquellas rachas sin goles, la del 89, la del 95, y lo que "sufríamos", y lo largos que se hacían aquellos más de dos meses sin ellos en aquel entonces... hoy aquello no es más que un mal chiste, cuando pienso que hace ya más de seis años que me dejaste y ya son más de seis años sin ellos.
Maldigo en ocasiones no haber disfrutado aún más aquellos tiempos y quizá erré, pues no sabía cuando me alejé de ti, que el cambio por prosperidad lejos, me impediría disfrutar de envejecer contigo; aunque ya ves, tampoco hubiéramos podido. 

"Daría una mano" - decía El Diego en 2006 - "por volver a estar ahí abajo jugando un mundial"... 
¿Qué daría yo por volver donde nos quedamos?... Por un último beso o más, y su clamor al tocar el balón las redes...
Revivo muchas veces en mi memoria sensaciones y recuerdos de los más de 700 goles que nos dimos juntos desde el 83 y a veces me conformo; aunque también he de decirte que me ilusiona tristemente, así soy, lo sabes, el saber que hubo muchos más de 2000 que no nos dimos, pero que están ahí, muchos son de papel, en tonos grises, sólo sé que tengo que seguir buscando, para besarte así, para encontrarte en ellos...


Foto: Salvador

jueves, 18 de julio de 2019

La mirada del hincha

Nunca tuve el privilegio de salir en un once con ellos, quizá porque en aquellos tiempos era algo menos frecuente que ahora, en el que decenas de chiquillos "ojipláticos" esperan agachados la salida del once de turno en cada uno de los partidos, o en otros niveles y movidos por eso del fair play acompañan asidos a sus manos a las estrellas del momento en formaciones bajo notas de himnos varios...

No fui tan afortunado, pero os mentiría si os dijera que no envidio a cada uno de esos hinchas, niños o no tan niños, que lucen entre ellos en las cientos de imágenes que conservo de formaciones de la Unión en los cajones.

No creo que haya pasión semejante con respecto al balompié que la vivida en la infancia, cuando, pienso, se es hincha de verdad; no hincha en el sentido adulto del término, cuando predomina ese punto irracional de comportamientos censurables; sino hincha de corazón virgen, de crío, cuando en los ojos prima esa admiración cristalina hacia los que juegan ante tu mirada, cuando los colores no son tan importantes, o sí, y el fútbol es un juego, cuando los porteros son gigantes, los defensas fornidos inaccesibles y los medios y delanteros habilidosos inalcanzables, cuando incluso parece que algunos de ellos resplandecen y emanan luz al mirarlos desde al lado...

He de reconoceros que mi mirada de hincha cristalina de niño duró más, así fui, pero se quedó congelada casi coincidiendo con mi salida hacia otras latitudes desde mi ciudad natal allá por 2001, tras ese primer síntoma de vejez que "padece" el futbolero, que es darse cuenta que los jugadores que corretean bajo sus ojos en el césped empiezan a tener los mismos años que uno... y finalmente se perdió, cuando años más tarde, me di cuenta que hasta los entrenadores del momento eran muchos de aquellos jugadores que admiré en el pasado con una pelota en los pies. Cosas del paso del tiempo. Irremediable.

Pero misteriosamente, la desaparición de la Unión, me hizo recuperarla...
Esa mirada, la misma que gasté de crío en el Helmántico o con los grandes ante la televisión, reapareció en mis ojos cada vez que en mi afán de descubrir cosas que desconocía de su pasado, daba con ella.
Inconscientemente hoy, y en ellos me refugio, me surgen esos ojos vírgenes con esa ilusión y admiración intacta de mi infancia, que perdí con la madurez, cada vez que doy con algo que me acerca a aquella época que viví con ella o anterior, y en el hoy de mis casi 42, como entonces, y con esos ojos, aquellos jugadores que observo en las fotos que rescato me siguen pareciendo que podrían ser mis padres, como antaño, y que cuando los miro en ellas veo gigantes, fornidos inaccesibles, habilidosos inalcanzables y que algunos emanan luz...

Sé que no formaré nunca con ellos en un once, básicamente porque la Unión ya no está entre nosotros, pero en la proyección inconsciente del que desea haber estado donde nunca pudo... me traslado a esta imagen cada vez que lo deseo, y mis ojos vírgenes, de mirada cristalina, se solapan en la mirada del hincha que contempla a D'Alessandro... y me permiten volver a mi niñez con ella.



#LaHistoriaNoSeCompra

martes, 18 de septiembre de 2018

El autogol de Rezza

Cabizbajo, con la cara comida por su melena rubia, y los ojos irritados, abandonó la caseta Ricardo Rezza. Su moral se había resentido. Comprendimos su momento; completamente abatido estaba el zaguero unionista y sólo un interrogante saltó al aire. Rezza, voz entrecortada, nos explicó:
"Creo que debéis comprender mi situación. En estos momentos me encuentro destrozado, aunque eso sí, con la conciencia totalmente tranquila; en esta ocasión, la desgracia se fijó en mi. Aún no tengo las ideas claras, pero sí muy limpias, porque he dado en el campo todo lo que llevaba dentro. Es grande mi preocupación y lamento de veras lo que ha sucedido; desde aquí pido perdón a todos cuantos haya podido perjudicar con este gol. Esta es la primera vez que me pasa en muchos años".

Así concluía esta historia, entre la algarabía de un equipo visitante victorioso, y las palabras recogidas en la pluma de José Luis Yuste de un héroe unionista caído... Pero la historia se había iniciado una semana antes de aquel recordado 22 de Mayo de 1977 y en un giro que es historia del fútbol español, concluyó con esas palabras de Rezza bajo un titular inquietante:



La desaparecida Unión Deportiva Salamanca que había llegado a tener opciones francas de jugar la Copa de la UEFA al situarse 4º en la jornada 30 del campeonato nacional de liga 76-77, vio como tres derrotas consecutivas contra Elche, Real Betis y U.D.Las Palmas, en las jornadas 31ª, 32ª y 33ª respectivamente, lo situaban sin opciones de clasificación, en una última jornada, la 34ª, en la que encima, muy a pesar suyo, se vería envuelto en uno de los tres partidos en los que había equipos implicados para jugarse, a cara o cruz, en la última jornada el descenso a la 2ª división.


Con el desaparecido C.D.Málaga ya descendido como colista definitivo, Real Zaragoza, Celta de Vigo, Burgos C.F y Racing de Santander se debían repartir las otras dos plazas de descenso que restaban. Al enfrentarse Real Zaragoza y Celta en un duelo directo en la Romareda, al Burgos C.F  le valía la victoria y casi el empate en casa frente a la Real Sociedad y tanto el Real Zaragoza y el Celta debían ganar y sólo en el caso del conjunto maño, además esperar el pinchazo, en forma de empate o derrota del Racing de Santander en el Helmántico, que no dependía de sí mismo en tierras charras.

La semana fue larga, y entremezclada con partidos de Copa del Rey que todavía se estaban disputando y en la que seguían vivos Zaragoza, Celta y Salamanca; la rumorología y las acusaciones de compras y primas no tardaron en aparecer:

El Racing hizo pública una prima de 3 millones de pesetas a sus jugadores en caso de salvación y financió autobuses para sus aficionados para que Salamanca se tiñera de blanquiverde y Maguregui entre tanto alabó la profesionalidad de los integrantes de la Unión y demandó "que vinieran testigos de toda España" a ver el partido del Helmántico. Desde Zaragoza, Muller su entrenador, confiaba en el pinchazo del Racing en Salamanca para la salvación y guardaba silencio a la pregunta de compras y ventas de los distintos partidos de fútbol.
Pero la rumorología ya había ido más allá y desde la ciudad aragonesa se acusó al Racing de haber comprado al Salamanca y de forma cruzada desde Cantabria, se hablaba de una suculenta prima maña al club charro, incluso el obsequio con la eliminación de los blanquillos en los cuartos de final de Copa, que se disputaría días después; que casualidades de la vida había unido a la UDS frente al Real Zaragoza.

Una tarde en la que todos jugaban, pero todos miraban al Helmántico pues una victoria charra, salvaba al Burgos, descendía al Racing y dejaba todo en disputa en la Romareda en la que a los maños sólo les valdría ganar y al Celta le sobraría con el empate.

Por su parte la Unión, en boca de su entrenador José Luis García Traid repitió hasta la saciedad la importancia del honor del club y de la obligación moral de salir a ganar el partido; y ante las dudas despertadas desde otras latitudes hasta se encargó la filmación privada del partido para evitar suspicacias. ("¡Yo quiero ver esa filmación!")...

Y llegó el día D y la hora H para la salvación aquella temporada, los relojes marcaban las 5 de la tarde del 22 de Mayo cuando los señores Santana Páez, Crespo Aurre y Forés Bachero, señalaron el inicio de cada uno de los encuentros respectivamente.

El primero en golpear fue el Real Zaragoza, que a los veinte minutos en la figura de Pepe González adelantaba a los suyos en el marcador:



En aquel momento, con el resto de marcadores a cero, los maños estaban salvados y con sólo mirar que la Unión no perdiera en el Helmántico tenían la tarde solucionada; pero... sólo diez minutos después, y sobre la portería del fondo norte de un estadio que descansa a 537 km de distancia de la Romareda sucedió algo inesperado, poco entendible, quizá inexplicable aún hoy en día... Así lo describieron los medios:

La Gaceta Regional de Salamanca: "Pase largo sobre Aitor Aguirre. Rezza ante el acoso del delantero santanderino, trata de ceder la pelota a Seoane, sin percatarse de que el meta salmantino había salido. El balón tras rebasar al guardameta, va lento, pero irremisiblemente al fondo de la red".

Diario Marca: "Galopada de Jiménez por la derecha partiendo del ecuador del campo. Adelanta la pelota que libremente coge Rezza. Este se vuelve y cede a Seoane -que se hallaba muy adelantado- lo que ocasiona, que el envío del rubio zaguero acabe en la red de su propio portal ante el estupor de todo el mundo".

Mundo Deportivo: "En una mala inteligencia de la defensa salmantina y en jugada forzada pero que no ofrecía grave peligro para el marco salmantino, Ricardo Rezza, al intentar ceder al portero bombea inapelablemente a las mallas".

Dicen los que lo vieron, que Rezza no paró de correr y luchar durante todo el partido, más si cabe tras el gol, quizá con más corazón que cabeza, sí; pero intentando remediar aquello que había sucedido, como para quitarse esa mochila plomada que fue un autogol, que si fue casual, ocurrió en el peor día y en el peor momento que podía haberse producido.
Los que conocían a Rezza, hablaron, y reforzaron la casualidad, como único motivo de aquel infortunado gol; pero como no podía ser de otra forma, y más leyendo la ajetreada semana previa al choque y sus acusaciones cruzadas, las dudas sobre un posible amaño fueron inevitables, y sí, aún laten en el rescoldo de la memoria de mucha de la afición blanquilla que lo recuerda.



Concluido el envite; sin más goles que los que ya se habían marcado al descanso de los partidos; y con el Real Zaragaoza y el Celta de Vigo, ya en segunda división y todos los ojos de España mirando hacia el Helmántico y aquel autogol; el gerente charro, Sr. Gabino Sánchez; atendió a los medios de comunicación, echando no sólo más leña al fuego, si no también, algo de gasolina:

- ¿Han intentado comprar al Salamanca en este partido?
- Hace algún tiempo, el club recibió una oferta muy importante para que perdiésemos este domingo. A lo largo de la pasada semana volvimos a recibir las mismas ofertas; nos daban todo tipo de seguridades, incluso, durante el descanso del partido, cuando ya perdíamos por un gol a cero volvimos a tener presiones para que dejásemos todo como estaba; nos volvimos a negar a ello e incluso alentamos a nuestros jugadores para que sacasen adelante el partido. La Unión es un club modesto; quizá no podamos presumir de dinero o de títulos, pero sí podemos presumir de honradez. Si hoy existe pesadumbre en el club es por no haber ganado para dejar suficientemente claro que no hubo nada extraño en el partido. El Salamanca ni se ha vendido ni se venderá a ningún equipo.
Y continúan las preguntas: 
- ¿Sabían ustedes que se había intentado comprar a algunos jugadores?.
- Sí (contestó rotundo el Sr. Gabino), nuestros jugadores tienen una honradez extrema y cuando tuvieron conocimiento de estas ofertas, las comunicaron a la directiva y al entrenador.
- ¿Estaba el Salamanca primado por el Real Zaragoza para ganar el partido?
- Eso es algo que trataron con los jugadores; la directiva, oficialmente, no supo nada. De todas formas —acabaría diciendo—, estoy convencido de que los jugadores no sienten la pérdida del dinero sino el no haber ganado el partido para acabar con los rumores.

Finalmente y para adentrarse más en el sórdido mundo del fraude deportivo y sus intentos vanos o no de éxito, salieron a la luz los nombres de los tres futbolistas salmantinos que fueron "tocados": Pérez, Joao Alves y el infortunado Ricardo Rezza.



Pérez no concreta bien la historia al ser preguntado, pues no contactó finalmente con el interlocutor; manifestándose de este modo a los medios: "Realmente no se puede decir que me hayan intentado comprar. Lo que tuve fue una llamada desde Santander. Sucedió que yo no estaba cuando me llamaron y me dejaron una nota de aviso, diciéndome que me había llamado el jugador Juan Carlos desde Santander, con el que coincidí en mis tiempos en Barcelona. Comuniqué este aviso al club, pero en verdad, no pude hablar con él".

Más profundo es el relato de Ricardo Rezza, que se explicaba de la siguiente forma: 
"Llamó primero una señorita de la Telefónica para comunicarme el número y después me dijo que me llamaban desde Santander. Yo ya me puse en guardia; le dije a mi esposa que cerrara la puerta para que los niños no me pudieran oir si se me escapaba algún taco. Cuando cogí el teléfono lo primero que le dije a quien me llamaba era que si pensaba decirme algo del partido del domingo que colgaba inmediatamente. Que yo no tenía culpa alguna de que ellos estuvieran con cinco negativos y que saldríamos dispuestos a dejarnos la piel sobre el terreno de juego. Él me comprendió y sólo me preguntó por mi mujer y mis hijos, por la rodilla, etcétera. En realidad, no supo qué decirme".
Ricardo Rezza no quiso desvelar el nombre de su interlocutor, pero todo hacía indicar, cosa que el futbolista charro no negó, que se trataba de Zuviría, del mismo modo que también transcendió finalmente que el de Joao Alves fue su compatriota, el guardameta Damas.

Dudas, suposiciones, afirmaciones; todo tiene cabida en esta historia en la que indirectamente se vio implicada la Unión Deportiva Salamanca y de la que fue actor protagonista, por la curiosa, surrealista e incluso dramática forma, en la que la Unión y Rezza en primera persona la resolvieron finalmente.

Reconozco que infinidad de veces quise escribir sobre esta historia, con el único objetivo de entablar debate en el hoy, 41 años después de aquel histórico gol; con aficionados de las históricas aficiones del Racing Club de Santander y Real Zaragoza con las que nos cruzamos aquel día de nuestra desaparecida historia en una tarde inolvidable a tres bandas para el recuerdo. Pero me faltaba la foto.

No os digo que ésta fuera tan añorada como la imagen del gol de Alves; pero quizá sí como la del gol de Leivinha o el de Sánchez Barrios; uno de esos goles sobre los que uno leyó tanto, o le contaron tantas veces sobre ellos y que imaginó; pero sobre los que nunca puso ojos por sí mismo hasta mucho tiempo después, más del deseado...

Pero finalmente sí, la logré, y por fin, logré ver el balón a cuadros golpeado por el argentino, la estatua de Seoane y la figura pétrea de Rezza en un autogol tan dramático, como inolvidable; y ahí va, para todos vosotros, esta maravillosa imagen:



#LaHistoriaNoSeCompra

Fuentes:
La Gaceta Regional
Marca
Mundo Deportivo

viernes, 15 de octubre de 2010

Siempre conmigo

Desde hace muchos años, casi desde que empecé a aficionarme a estos colores, allá por la época de naranjito, y gracias a las lecturas de Gil Pérez; me enamoré de un once.
Y no fue por haberlo visto jugar, ni porque fuera el primero que veía desde la preferencia del Helmántico...ni siquiera por escuchar sus logros en las radios nacionales los domingos de invierno, ni porque nadie me contara cómo movían el balón...fué solamente porque siempre estuvo conmigo.
Allí donde viví, la pared de mi habitación ha sido presidida por la misma imagen, la de un once de los 70, en color, con Don Jorge y Don Joao a la cabeza, que he visto cada mañana al levantarme desde aquellos lejanos 80.
Gracias a los libros del 50 aniversario, patrocinados por M.A.S, se escondía en su interior un pequeño poster en color, como un doble folio, de un partido en el Helmántico de la 76-77, con una calidad espectacular para la época, ¡nunca los había visto tan cerca!; Rezza y Juanjo mirando a la cámara...el resto espectantes mirando a otros puntos, como observando atentamente a aquellos a los que se iban a enfrentar y que en el campo contrario formaban su once también...: ¿a qué equipo miraban?.
Desde crío, y afortunadamente sin muchos destrozos, ha aguantado el paso de los años, y ha descansado en paredes de Salamanca, Oviedo, Valencia, Albacete...allí donde me ha  llevado el destino...siempre conmigo.
Un día, allá en mi adolescencia quise saber, a qué partido correspondía, y qué pasó aquella soleada tarde en la que D'Alessandro, Juanjo, Rezza, Iglesias, Lanchas y Enrique (de pie), y Juanito, Victor, Alves, Pita y Pérez (agachados) salieron al cesped del Helmántico.
La de veces que contemplé esa imagen, sin saber nada de aquel partido, la de veces que he recitado sus nombres de carrerilla al estilo de los magníficos del Zaragoza, o del Barça  de Kubala y Serrat, ¡la de veces que observé los guantes de Alves, el amarillo de las botas de Jorge y el brazalete rojo de Rezza, junto al escudo cosido al lado del corazón!.
Un día lo supe, supe que fué un 5 de Septiembre del 76, el día en que se hizo esa foto, el día que esos 11 hombres salieron al Helmántico y formaron de aquella manera para mi particular eternidad, fué en la primera jornada de liga de aquella temporada,  y supe que era el Real Madrid el que visitaba el Helmántico y averigüe que perdimos 0-1.

Las crónicas hablan de un resultado injusto, de que el partido cambió 23 minutos después de la foto, cuando Lanchas en un choque fortuito con Jensen se rompió la nariz y el equipo se descompuso...los marcajes Enrique-Velazquez, Pita-Breitner y Alves-Del Bosque, se modificaron al pasar Enrique al lateral izquierdo, que dejó huerfano Lanchas y entrar Ameijenda en medio campo.


Las crónicas hablan de un disparo de Juanito al palo con Miguel Angel batido al borde del descanso, y del gol de Breitner en la segunda parte, y de un penalty de libro sobre Joao en el área de Fondo Norte sobre la bocina...con la consiguiente bronca del respetable a la conclusión del encuentro sobre el vizcaíno Urrestarazu...aquella soleada tarde en la que debutó Alves en el Helmántico.


Son muchos años viendo ese once, viajando conmigo, uno de los mejores de la historia sin duda...un once que tras 34 años sigue más vivo que nunca en la memoria de mi unionismo y que muchas veces observo, como tantos otros días, sabiendo que siempre estará conmigo. 



Fotos prensa ABC